La receta para cuidar la memoria se cocina entre todos: lo que dejó el mayor estudio sobre demencia en América Latina
Un ensayo que siguió a 1.065 personas de once países durante dos años mostró que sumar alimentación sana, movimiento, entrenamiento cognitivo y atención cardiovascular puede mejorar el rendimiento del cerebro. Especialistas debatieron en Buenos Aires cómo sostener esos cambios en cada comunidad.
Son las diez de la mañana en un salón del centro porteño y las sillas todavía están tibias de la jornada anterior. Acá en la zona centro, un grupo de investigadores de toda América Latina se sienta a repasar números, gráficos y, sobre todo, la pregunta que se repite cada vez que se habla de demencia: ¿se puede hacer algo, mucho antes de que aparezcan los primeros olvidos, para cuidar el cerebro? La respuesta que traen a la mesa es prudente pero esperanzadora: sí, y la estrategia no pasa por una píldora mágica sino por un combo de hábitos que, mantenidos en el tiempo, parecen mover la aguja de la cognición.
Un mapa de la memoria bajo la lupa
El encuentro sirvió para analizar los resultados de LatAm-FINGERS, el primer estudio regional de gran escala pensado para evaluar si una intervención combinada —que incluye alimentación, actividad física, estimulación mental, vínculos sociales y control de los factores de riesgo cardiovascular— logra mejorar el rendimiento cognitivo en personas mayores que todavía no presentan deterioro. La investigación siguió durante dos años a 1.065 voluntarios de entre 60 y 77 años, repartidos en once países de la región, entre ellos la Argentina.
Los participantes fueron divididos en dos modalidades: una más estructurada, con actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud, y otra más flexible, con recomendaciones para incorporar los hábitos con mayor autonomía. Ambos grupos recibieron orientación preventiva. Los investigadores registraron una mejora de la cognición global entre quienes siguieron la intervención más intensiva y, al mismo tiempo, midieron algo clave para cualquier política pública: la capacidad de sostener el programa en la vida real. El 80 por ciento de los voluntarios tuvo una adhesión moderada o alta y el 84,9 por ciento completó la evaluación final, una cifra que los especialistas consideran auspiciosa para este tipo de ensayos.
Por qué el corazón pesa tanto en la memoria
Cuando los médicos hablan de demencia, casi nunca hablan de un solo factor. La hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y el colesterol elevado dañan los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro y, con los años, ese deterioro silencioso se traduce en olvidos, confusión y pérdida de autonomía. Por eso la estrategia preventiva insiste en controlar la presión arterial, la glucosa y el peso, dejar el cigarrillo y hacerse chequeos periódicos, como parte del mismo paquete que incluye caminar, aprender algo nuevo o juntarse a charlar con vecinos.
- Alimentación saludable, adaptada a los productos y costumbres de cada lugar.
- Actividad física regular, adaptada a las posibilidades de cada persona.
- Estimulación cognitiva: lectura, juegos de memoria, aprendizaje de idiomas o instrumentos.
- Vínculos sociales sostenidos, porque el aislamiento es un factor de riesgo.
- Control de la presión arterial, la glucosa, el colesterol y el tabaquismo.
“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS
Esa frase la repite, casi como un mantra, Marta, una vecina del barrio de Belgrano que se acercó al stand informativo montado en el marco del encuentro. Marta tiene 68 años, cuida a su marido con problemas cardíacos y reconoce, entre mate y mate, que le cuesta sostener la caminata diaria porque le duelen las rodillas. Cuando le cuentan que el estudio contempló adaptar las propuestas alimentarias y la organización de las actividades a los recursos y las costumbres de cada comunidad, asiente con la cabeza y dice que eso, justamente, es lo que la convencería de sumarse: que alguien le diga qué puede hacer acá, con lo que tiene, y no que le manden una receta pensada a miles de kilómetros.
Los autores del trabajo aclararon que estos resultados no significan que una rutina saludable garantice evitar la demencia. El enfoque busca reducir riesgos y, sobre todo, ganar tiempo de calidad de vida. Nosotros, como sociedad, todavía esperamos que la ciencia encuentre una pastilla que lo resuelva todo, pero la evidencia que llega de la región apunta a algo más terrenal: cada hábito sostenido cuenta, y la memoria se cuida en comunidad, con el médico, con la familia y con el kiosco de la esquina que vende frutas en lugar de golosinas. La persona que el estudio ya sabe qué espera que pase: que esos pequeños cambios de hoy sigan dando frutos mañana, cuando los olvidos empiecen a asomar.
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