Lisboa entra en la mira de los viajeros argentinos con una nueva ruta aérea que enlaza Buenos Aires con la capital portuguesa a través de Río de Janeiro
La compañía Gol opera desde el 16 de septiembre una conexión que vuelve a poner a la capital portuguesa en el mapa de los destinos europeos accesibles, con tarifas que arrancan en los $1.600.000 el ida y vuelta y una oferta cultural y gastronómica que se extiende mucho más allá de los clásicos miradores.
El primero de septiembre, cuando todavía el verano europeo no terminaba de despedirse, el aeropuerto de Lisboa empezaba a despedir a los últimos bañistas que habían cruzado el Atlántico buscando las playas del Atlántico norte, mientras en las terminales portuguesas se multiplicaban los carteles en portugués y en castellano anunciando una conexión que, para los argentinos, cambia el mapa de las opciones europeas: la ruta que la compañía Gol habilitó el pasado 16 de septiembre y que conecta, a través de Río de Janeiro, a Buenos Aires con la capital portuguesa, con una duración total estimada de entre catorce y dieciséis horas según la espera en la conexión carioca, y con pasajes de ida y vuelta que arrancan en los $1.600.000 y pueden trepar hasta los $2.300.000 según la fecha y la cabina elegida.
La novedad no es solo aérea, porque el desembarco en Lisboa abre la puerta a una ciudad que se recorre caminando, con capas históricas que van desde los callejones medievales de Alfama hasta la trama urbana de Mouraria, pasando por el corazón comercial de Baixa, donde las tiendas conviven con cafeterías que aún sirven el pastel de nata caliente como si el tiempo no hubiera pasado, y por miradores como el de Santa Luzia, desde donde la ciudad se deja mirar como un mosaico de tejados ocres que terminan bruscamente en el estuario del río Tajo, ese ecosistema fluvial que durante siglos fue la arteria comercial del imperio portugués y que hoy es el escenario donde la fauna local —gaviotas, cormoranes y, en las zonas más protegidas, todavía algún delfino que sube con la marea— recuerda que Lisboa es, antes que nada, una ciudad de agua.
Más allá del recorrido clásico: barrios, miradores y vida de barrio
- Alfama, con sus callejones medievales y su trama que resiste al paso de los siglos.
- Mouraria, otro paseo por la historia urbana de la capital portuguesa.
- Baixa, el corazón comercial donde la ciudad late con intensidad.
- El mirador de Santa Luzia, con vista al Tajo y a los tejados de la ciudad.
- Marvila, la zona que el material describe como vinculada al público joven y que se ha convertido en una de las apuestas de la Lisboa contemporánea.
El calendario también puede orientar la elección del viaje, porque en junio Lisboa se transforma con las fiestas de San Antonio, celebraciones barriales que incluyen música y desfiles sobre la Avenida da Liberdade, una de las arterias más elegantes de la ciudad, y que contrastan con la imagen más reposada que la capital portuguesa suele ofrecer al visitante apurado, ese que apenas se detiene en los miradores sin advertir que, a pocos kilómetros, el paisaje cambia de forma brusca y aparecen playas aptas para la práctica del surf, además de montañas cercanas que invitan a excursiones de un día, entre las que se destaca la visita al Santuario de Fátima, situado a poco más de una hora de Lisboa y que forma parte del circuito de religiosos del país.
La agenda cultural, mientras tanto, reúne espacios de arte, diseño y moda que el material pone en relieve a través de la voz de António Valle, referente de la Asociación Turismo de Lisboa, quien destacó entre las propuestas para visitar al Centro de Arte Moderna de Gulbenkian y al Museo de Arte Contemporáneo Armando Martins, dos espacios que dialogan con la inversión de 60 millones de euros que la ciudad destina al patrimonio cultural, una cifra que, traducida al contexto local, equivale a varias veces el presupuesto anual de muchos museos argentinos y que da la pauta del esfuerzo que Lisboa está haciendo por posicionarse como destino cultural de referencia en el sur de Europa.
“Conviene reservar tiempo para caminar y participar de la vida cotidiana de los barrios, incorporar una terraza o un paseo fuera del itinerario previsto, sin concentrar toda la visita en una sucesión de atracciones.”António Valle, Asociación Turismo de Lisboa
La gastronomía, por último, ofrece otra manera de organizar las jornadas, porque probar la cocina local, conocer los vinos de la región o hacer una pausa para comer un pastel de nata caliente son rituales que, sumados al fado —el género musical portugués que forma parte de la experiencia cultural lisboeta y que cada noche resuena en las casas del barrio de Alfama—, terminan por convertir a la estadía en algo más que un recorrido turístico: la convierten en una inmersión en una ciudad que, desde la conexión brasileña, vuelve a quedar al alcance de los argentinos que sueñan con pisar Europa sin tener que cruzar el Atlántico norte. ¿Te imaginás recorriendo Alfama al atardecer, con el sonido del fado saliendo de algún portal y la brisa del Tajo entrando por las callejuelas? ¿O preferís la opción de las playas y el surf, con Fátima como excusa para una escapada de un día? ¿Qué recorrido te gustaría hacer en Lisboa?
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