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JUE, 10 SEPT 2026
Turismo

Garbanzos, calamares y veinte minutos: el guiso rápido que mejora con el paso de las horas

Una preparación de cuchara que combina legumbres y mariscos sin pedir horas de cocina ni técnica avanzada, y que se reinventa al recalentarse.

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva · 10 DE SEPT DE 2026 · lectura 2 min

En la costa, donde el mar marca los ritmos del calendario, hay un acuerdo tácito: los guisos de legumbres con mariscos llevan fama de platos largos, casi ceremoniales, que requieren horas de fuego lento y paciencia de cocinero veterano. La realidad, cuando se abre una lata de garbanzos ya cocidos y se tiene un buen caldo de pescado a mano, se parece mucho más a una operación de veinte minutos que a una vigilia. La propuesta es tan directa como efectiva: sofreír, salteam, cubrir, hervir y servir, con la tranquilidad de saber que el plato, lejos de empeorar, mejora de un día para otro.

La base de cualquier versión correcta de esta receta es un sofrito clásico, concentrado y breve: cebolla picada fina, ajo y tomate cocinados a fuego medio hasta que la mezcla pierde el agua y queda oscura, brillante, casi como una pasta. Sobre ese fondo se incorporan los calamares limpios, cortados en aros o en trozos irregulares, y se los salta apenas lo necesario para que tomen color sin volverse gomosos. El siguiente paso es tan simple como decisivo: se suman los garbanzos escurridos y se cubre con caldo de pescado, que puede ser casero o de tetrabrik sin que la preparación pierda jerarquía.

Un hervor corto y un reposo que hace el trabajo

El hervor final, de unos pocos minutos, alcanza para que los sabores se reconozcan y para que el caldo se espese ligeramente con el almidón de la legumbre. El resultado es un guiso de poco líquido, más cercano a un salteado húmedo que a una sopa, donde cada bocado lleva un trozo tierno de calamar y un garbanzo entero. La particularidad más útil de este plato es su comportamiento con el tiempo: las legumbres absorben parte del caldo durante la noche y los aromas se asientan, de modo que recalentado al mediodía siguiente está, objetivamente, mejor que recién hecho. Aguanta en recipiente hermético, viaja bien en un tupper y no se queja al pasar por el microondas.

Sepia, chipirones o calamar: el mismo plato, distintos acentos

En el plano nutricional, la combinación responde a una lógica que la cocina mediterránea repite desde hace siglos: proteína vegetal de la legumbre, proteína magra del marisco y apenas algo de aceite, sin necesidad de sumar carnes ni lácteos para alcanzar un plato redondo. Por cada plato servido se obtiene un guiso completo, con fibra, hierro y ácidos grasos propios del pescado, sin caer en la pesadez de un estofado tradicional.

La cocina de costa suele repetir estos casamientos entre tierra y mar porque el resultado rara vez defrauda, y porque en la mayoría de los hogares argentinos el calamar sigue siendo el cefalópodo más accesible. La pregunta queda abierta para quien se anime a la cuchara: ¿te animarías a sumar legumbres a un guiso de mariscos, y con qué cefalópodo lo armarías la próxima vez?

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva

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