Platense se quedó con el crédito del triunfo, pero la Libertadores le volvió a recordar que la historia se construye afuera
El Calamar ganó 2-1 en Vicente López con un primer tiempo eléctrico de Mainero y Sepúlveda, pero el descuento de Canobbio en el complemento selló la eliminación y mandó a Fluminense a semifinales.
Hubo que aguantar la térmica de Vicente López como si fuera un domingo de enero en cualquier esquina de Buenos Aires. Cuarenta grados a la sombra, el césped pidiendo agua a gritos y Platense saliendo a comerse la serie con la urgencia del que sabe que no le queda otra. Ganó 2-1, sí. Pero la Copa Libertadores no se gana con orgullo: se gana con goles, y los dos que hizo en Brasil le pesaron como una mochila de cemento.
El primer tiempo del Calamar fue de los que se cuentan en una mesa de café con el diario abierto. A los 29, el Mainero metió un derechazo bajo que se desvió en un defensor y descolocó al arquero Fábio, ese que después terminaría siendo figura absoluta. Sobre el cierre de la etapa inicial, a los 47, el propio Mainero colgó un centro desde la derecha y Sepúlveda, anticipando a su marca, metió un cabezazo cruzado al segundo palo que desató la ilusión en toda la popular local.
Lo que dejó el primer tiempo y lo que cambió todo en el segundo
- A los 29 minutos, Guido Mainero abrió el marcador con un remate bajo que se desvió antes de entrar.
- A los 47, Mainero asistió de cabeza a Bruno Sepúlveda, que conectó al segundo palo para el 2-0 parcial.
- En el complemento, Agustín Canobbio marcó el descuento de Fluminense tras una contra letal.
- Fábio se consolidó como la gran figura brasileña tapando un cabezazo de Vázquez en el tramo final.
- Mateo Mendia desperdició un rebote, aunque estaba en posición adelantada y el gol no hubiera valido.
La diferencia se resolvió en una sola jugada del segundo tiempo, de esas que duelen porque no llegan por mérito del rival sino por error propio. Pablo Ferreira perdió la pelota en la zona media, Fluminense salió a toda velocidad y Canobbio, con un enganche corto y un derechazo cruzado, le apagó la fiesta al Calamar. Hasta ese momento, los dos tantos de Platense habían borrado por completo la ventaja de 2-0 que los brasileños traían del Maracaná, construida con goles de Nonato y Hulk.
Después del gol visitante, el partido se transformó en una pulseada entre un arquero y el reloj. Fábio le sacó un cabezazo a quemarropa a Vázquez, mandó la pelota al corner y se quedó con el rebote que le quedó a Mendia, aunque el línea ya había cobrado fuera de juego. Del otro lado, el propio Hulk recibió un centro de Canobbio y definió por encima del travesaño, casi como un mensaje de que en cualquier momento podían liquidarlo. Los cinco minutos de adición fueron una tortura para el local, que terminó aplaudido por su gente pero con la certeza de que un gol lo separó de los penales.
Me quedo con la imagen del Calamar yendo al frente con el alma, dejando la última gota de transpiración en un campo que parecía una sartén. El equipo de Palermo mereció más por entrega que por juego, pero en estas instancias la épica no alcanza: hace falta eficacia y un poquito de suerte. Fluminense sigue, Platense se vuelve a su casa con la frente alta y la amargura lógica del que estuvo a un suspiro de cambiar la historia.
¿Mi pronóstico para el cruce que viene? Fluminense tiene con qué complicar a cualquiera, pero si le deja espacios atrás como los de anoche, más de uno se lo va a hacer pagar caro. Aunque uno ya aprendió a no casarse con los pronósticos después de ver lo que pasó en Vicente López.
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