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MAR, 08 SEPT 2026
Vida

Plottier abre la puerta del Sauce Criollo: un taller gratuito para resucitar al árbol que casi nadie sabe nombrar

Todos los martes, desde el 8 de septiembre, el Centro de Formación Profesional Agropecuario Nº 1 enseña a identificar y multiplicar al único sauce nativo de la Argentina. La cita es en Ruta 22, kilómetro 1232, de 16 a 18, con práctica desde el primer día.

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Yanina BenítezSociedad y vida · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Acá en la zona centro de Plottier, sobre la Ruta 22, hay un galpón del Centro de Formación Profesional Agropecuario Nº 1 que, desde este martes 8 de septiembre, se va a llenar de gente con tijeras de podar en la mano y muchas ganas de aprender a multiplicar árboles. El motivo es más que interesante: rescatar al Sauce Criollo, Salix humboldtiana, que es el único sauce nativo de Argentina y que, pese a su importancia para la biodiversidad, suele pasar desapercibido hasta para los que vivimos rodeados de sauces todos los días.

Yo me quedé pensando en cómo algo tan cercano puede ser, a la vez, tan desconocido. Esa contradicción es la que mueve a los docentes que armaron esta propuesta, pensada como un taller semanal, gratuito y abierto a todo el mundo, no solo a estudiantes de la casa. La capacitación está a cargo del técnico forestal Julián Basile y la ingeniera agrónoma Gabriela Sotera, dos nombres que los vecinos de la zona empezaron a escuchar cuando se confirmó la iniciativa.

Un encuentro por semana, con práctica desde el arranque

El cronograma es simple y por eso mismo accesible. El primer taller se hace el martes 8 de septiembre, de 16 a 18, en la sede del CFPA, sobre Ruta 22, kilómetro 1232. A partir de ahí, los encuentros se repiten todos los martes en el mismo horario, así que nadie tiene que adivinar fechas ni anotarse en listas complicadas: basta con aparecer.

La dinámica interna combina teoría y práctica desde el primer día. Primero se trabajan las características de la especie para que los participantes aprendan a reconocerla en el terreno, sobre todo cuando está en flor, que es el momento en que el árbol se muestra tal cual es y no se confunde con los sauces extranjeros que copan las costas y las plazas. Después viene la parte más esperada: la recolección de estacas, el armado de un estaquero y el seguimiento del proceso de enraizamiento, paso a paso, hasta ver cómo una ramita se convierte en una planta lista para volver al suelo.

Un estaquero que piensa quedarse

La intención declarada es que esto no quede en una experiencia de un martes y nada más. Desde la institución buscan consolidar un estaquero permanente, funcionando como una unidad didáctico-productiva, o sea, un lugar donde enseñar y producir plantas vayan de la mano, semana tras semana. Las plantas que salgan de ahí estarán pensadas para futuras acciones de plantación y recuperación en la región, algo que toma una relevancia enorme si tenemos en cuenta el historical de pérdida de bosque nativo que arrastra buena parte del país.

  • Días y horario: todos los martes, de 16 a 18, a partir del 8 de septiembre.
  • Lugar: Centro de Formación Profesional Agropecuario Nº 1, Ruta 22, kilómetro 1232, Plottier.
  • Costo: gratuito, con cupos abiertos a vecinos, productores, estudiantes, organizaciones e instituciones.
  • Contenidos: identificación del Sauce Criollo, observación en flor, recolección de estacas, armado y seguimiento del estaquero.
  • Objetivo final: producir plantas para devolverlas al territorio de la región.

Una experiencia que ya tiene antecedentes en la Patagonia

Los responsables del taller no están partiendo de cero. En el INTA se vienen haciendo trabajos de propagación vegetativa del Salix humboldtiana en la Patagonia, con rescate de ejemplares y cultivo en estaqueros, una técnica que es la misma que se va a enseñar acá. Además, en Río Negro se desarrollaron jornadas con escuelas y acciones de plantación en varias localidades durante 2026, lo que muestra que el camino ya está marcado y que solo falta sumar manos.

Lo que cada uno puede hacer con lo que aprende

La convocatoria apunta a que el conocimiento no se quede dentro del galpón. La idea es que cada participante se lleve herramientas concretas para identificar sauces criollos, tomar estacas y armar su propio estaquero, por más chico que sea, en el patio de la casa o en un rincón del barrio. Esa es, a mi entender, la parte más linda del proyecto: que lo que se enseña en un aula termine multiplicándose en veredas, plazas y márgenes de ríos, con plantas que llevan un pedazo de nuestra identidad forestal.

Me crucé con Graciela, de barrio Unión, mientras escribía esta nota, y me decía medio indignada que ella tiene un sauce enorme en la vereda desde hace treinta años y recién ahora se entera de que es el sauce de acá, el de siempre. Eso resume lo que pasa: lo tenemos delante de los ojos y no lo sabemos nombrar. El martes que viene empieza una oportunidad concreta para cambiar esa historia, y los que se sumen van a poder responder, con una planta en la mano, qué harían con un Sauce Criollo si pudieran llevarlo a su barrio o comunidad.

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Yanina BenítezSociedad y vida

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