Adiós al hombre que marcaba el pulso de la cumbia santafesina desde el banquito del fondo
Ricardo Oveja Stec murió a los 66 años y dejó una huella invisible pero enorme: tocó en Los Palmeras, en Los del Bohío y en media docena de conjuntos más, mientras manejaba colectivos de día. Un perfil del percusionista que fue columna vertebral de la cumbia santafesina sin buscar nunca el centro de la foto.
Lo dijo una vez una abuela del barrio Chalet, mientras tarareaba un pasillo de Los Palmeras con un mate en la mano: «Mirá, pibe, el que suena lindo de adelante es el cantante, pero el que hace caminar la cosa es el batero, que está siempre calladito atrás». La frase me volvió a la cabeza este miércoles, cuando me enteré de que Ricardo Oveja Stec se fue el 2 de septiembre, a los 66 años, y dejó a la cumbia santafesina con un hueco en el banquito del fondo, en el lugar donde se marcan los tiempos sin que casi nadie aplauda.
Los años con Los Palmeras
Stec fue percusionista y baterista, y su nombre aparece en una de las etapas más queridas de Los Palmeras: la de fines de los ochenta y principios de los noventa. Estuvo con Rubén Cacho Deicas y Marcos Camino entre 1988 y 1992, y en ese tramo participó en cinco discos que todavía suenan en cualquier fiesta popular: Loquito por ti (1988), Sus amigos (1989), Rumor de cumbia (1990), Chiquita pero buena (1990) y Boquita azucarada (1991). Eran los años en que la cumbia santafesina empezaba a cruzar los límites de la provincia y a meterse en los bailantas de Buenos Aires, y Oveja estaba ahí, sosteniendo el ritmo.
Una vida repartida entre conjuntos
Antes y después de Los Palmeras, Stec pasó por una lista larga de bandas que son el ADN del género: Yuli y Los Girasoles, Los Crisoles, Los Libres, Los Lamas, Los Súper de Santa Fe, RMG y Los del Bohío, donde grabó el disco Los preferidos del ritmo caliente. Cuatro décadas de escenarios, de ensayos en galpones calurosos, de giras por pueblos del Litoral, siempre del lado de las tumbadoras y los redoblantes.
Dos oficios, el mismo pulso
Lo que más me conmueve de su historia es lo que la nota original deja entre líneas: además de músico, Stec fue chofer de colectivos durante años. Manejaba un ómnibus de línea y, cuando terminaba el turno, agarraba los palillos y se iba a tocar. Dos vidas que no se contradicen, sino que se completan: la del hombre que transportaba pasajeros por la ciudad y la del percusionista que hacía bailar a miles. Es el retrato más honesto que conozco de cómo se sostiene la música popular desde abajo, con esfuerzo cotidiano y sin estrellas en el cartel.
“Hoy nos toca despedir a otro de nuestros históricos miembros. Gracias por tantos momentos compartidos y toda tu música. Que en paz descanses querido amigo Ricardo Oveja Stec. Te saludan hoy y siempre tus amigos Los Palmeras.”Los Palmeras, en sus redes sociales
Los del Bohío, la otra banda que lo sintió propio, también publicó su despedida: «Hoy se va un pedazo de aquella historia. Quedan su alegría, su música, las anécdotas y el recuerdo de quienes tuvimos la suerte de conocerlo». Dos mensajes breves, de esos que se escriben rápido porque duele esperar, y que dicen lo que hace falta decir sin vueltas.
- Murió el 2 de septiembre a los 66 años.
- Fue percusionista y baterista de la cumbia santafesina durante cuatro décadas.
- Integró Los Palmeras entre 1988 y 1992 y grabó cinco discos con la banda.
- También tocó en Yuli y Los Girasoles, Los Crisoles, Los Libres, Los Lamas, Los Súper de Santa Fe, RMG y Los del Bohío.
- Trabajó como chofer de colectivos, en paralelo a su carrera musical.
Yo lo escuché nombrar por primera vez en una sobremesa de peña, cuando un amigo de Santa Fe me dijo que Oveja había sido de los que le enseñaron a marcar el tumbao santafesino a más de uno. No era el dueño del show ni el que cerraba los shows con un solo: era el que hacía que el resto sonara mejor. Y eso, en la música popular, vale oro. Que en paz descanse, Ricardo.
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