Boca se chocó contra su propia sombra en Mendoza y dejó dos puntos en el descuento
El equipo de La Ribera se puso dos veces en ventaja, se relajó como si el partido ya estuviera ganado y terminó empatando 2-2 ante un Gimnasia que nunca bajó los brazos. El Lobo manda en su zona y Boca ya acumula un clásico tropiezo de visitante.
Calor mendocino, clásico escenario donde los equipos grandes suelen derretirse antes de que termine el primer tiempo. Boca llegó a Mendoza con la camiseta de candidato y se fue con la ropa empapada en sudor ajeno. Porque a veces no hace falta que el rival te golee: basta con regalarle el partido en los últimos minutos, cosa que el Xeneize viene perfeccionando con una regularidad que ya preocupa.
Un primer tiempo de ida y vuelta que dejó a todos mareados
Empezó mejor Gimnasia, como manda el manual de las novelas de sobremesa: presión alta, pelota al palo y la sensación de que algo importante iba a pasar. Pero Boca tiene eso que los equipos chicos sueñan: un contragolpe que duerme rivales. A los 16, Velasco armó una jugada de las que se cuentan en las reuniones de café: pase, pared, taco con caño incluido y definición al ángulo. Golazo, piropo de relator y golpe de KO emocional. Duró dos minutos. Lo que tarda un calentito en enfriarse.
Sabatini, ese delantero con apellido de filósofo griego, aguantó la marca como quien sostiene un termo en una oficina con aire acondicionado roto: con voluntad y algo de bronca. Se giró y la clavó al primer palo. Empate. Y cuando el Lobo todavía estaba acomodándose el short, otra vez Boca: jugada colectiva de manual, taco de Velasco para Gorosito y centro al medio para que Zenón firmara el 2-1. Primer gol del mediocampista desde mayo del año pasado. Tanto tiempo sin meterla que la red le habrá parecido una ex novia.
El segundo tiempo fue una siesta con final de pesadilla
Boca se replegó como abuelo en sillón reclinable: cómodo, lento, pidiendo que el tiempo pase. Gimnasia fue con todo y a los 70 gritó el segundo de Sabatini, hasta que el VAR, ese fantasma que mira hasta las cintas de los botines, dijo que el delantero estaba un suspiro adelantado. Offside finito, de esos que en otra época ni se revisaban. Pero bueno, así es el fútbol moderno: la Justicia divina quedó con Microsoft.
- A los 92, centro al área y despeje corto de Herrera, como quien tira la pelota al patio del vecino para sacársela de encima.
- Esteban Fernández llegó solo, sacó un remate fuerte junto al palo y firmó el 2-2 que hizo explotar el Legrotaglie.
- Boca terminó pidiendo la hora y los tres puntos volaron del bolso como monedas sueltas en un colectivo.
¿Pudo Boca hacer algo distinto? Sí: no dormir la siesta. Pero también es cierto que Gimnasia empujó hasta el final con esa insistencia de los equipos que sienten que les pertenece la punta. El empate, mirado con ojos fríos, fue un castigo justo para un equipo que se apuró a guardar la ropa antes de cruzar la cordillera. Ahora Boca queda sexto con 11 puntos y la sensación de que dejó pasar una oportunidad de oro, o mejor dicho, de cobre, porque cada vez que visita el interior se le oxida el funcionamiento.
Pronóstico reservado del que suscribe: si Boca sigue regalando finales así, en la próxima fecha va a empatar en La Paternal, empatar como visitante en Santiago y empatar hasta en el patio de su casa. Pero bueno, uno es profeta de barrio y siempre puede errar. Más que nunca.
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