Adiós al Negro Rada: se fue el último caudillo del candombe que cantaba como si abrazara
El músico uruguayo murió a los 83 años tras más de un mes de internación por una neumonía. Artistas argentinos y uruguayos despidieron al referente ineludible de la música rioplatense, que deja un cancionero atravesado por el swing, la risa y la calle.
Yo lo vi una vez, hará ya muchos años, en un galpón de la calle Corrientes donde todavía se podía fumar adentro y la cerveza venía en jarra y no en botella, y la verdad es que cuando el Negro Rada apareció en el escenario yo entendí por primera vez que había algo en el Río de la Plata que no se parecía a nada de lo que yo había escuchado antes, algo que mezclaba el candombe con el jazz, la murga con el rock, la bohemia con el barrio, y que ese hombre enorme, con esa voz que parecía un abrazo ronco, era nada menos que el dueño de todo eso, y ahora, al conocer la noticia de su muerte a los 83 años, vuelvo a ese galpón y me parece que fue ayer y que fue hace un siglo al mismo tiempo, porque la música de Rubén Rada tiene esa propiedad extraña de achicar las distancias y de estirar el tiempo hasta volverlo manejable, como si uno pudiera sentarse en una mesa de Montevideo y sentirse en casa aunque esté a tres mil kilómetros de distancia.
El candombe que cruzó el río
Rada se había internado hacía casi un mes por una neumonía que finalmente no pudo superar, y su partida dejó a toda la música rioplatense sin uno de sus pilares más firmes, de esos que uno da por sentado que van a estar siempre ahí, tocando en algún festival o cantando en algún programa de televisión, y de pronto un miércoles de noviembre aparece la noticia y uno se da cuenta de que el mapa cambió, porque sin el Negro Rada el candombe queda un poco más huérfano, la canción rioplatense pierde a uno de sus grandes cantores y Uruguay se queda sin lo que Natalia Oreiro, compatriota y admiradora, definió con justeza cuando lo despidió en redes como "lo más grande del Uruguay como artista, como persona, como amigo", una síntesis que a mí me parece que condensa todo lo que fue este hombre que empezó a cantar en los años sesenta y nunca más paró.
Las canciones que no se van a ir
- Tengo un candombe para Gardel, donde Rada imagina un encuentro imposible entre el candombe montevideano y el Zorzal Criollo.
- Cha-cha, muchacha, uno de esos temas que sonaron en todas las radios del Río de la Plata durante décadas.
- Ayer, te vi, una de las baladas más queridas del cancionero uruguayo.
- Botija de mi país, escrita junto a Eduardo Mateo y convertida con los años en un himno de la cultura popular del Uruguay.
- El derecho de nacer, una de las composiciones que más se escucharon en las radios argentinas durante los años ochenta.
Las voces que lo despidieron
Las reacciones no tardaron en llegar desde ambos lados del Río de la Plata, porque Rada tenía la extraña virtud de haber construido vínculos profundos con músicos de todas las generaciones y de todos los estilos, y eso se notó en la cantidad y la calidad de los mensajes que se fueron acumulando a lo largo de la jornada, entre los que sobresalen por supuesto las palabras de Fito Páez, que en su libro autobiográfico Infancia y Juventud cuenta cómo conoció al Negro de adolescente en un local porteño cerca de Corrientes y Callao, y cómo de ese primer encuentro nació una amistad que él mismo resumió con una frase que a mí me pareció de las más hermosas que se dijeron en todo el día, cuando al conocer la noticia escribió que "la familia Rada es la familia Páez" y agregó, con esa mezcla de dolor y de fiesta que tienen los rosarinos cuando hablan de las cosas que les importan de verdad, que "hoy se nos fue el gran caudillo del amor y de la música, de la risa, del swing y de la alegría", una definición que me parece que le cabe como anillo al dedo.
También se escucharon las voces de Gustavo Santaolalla, que lo recordó como "artista extraordinario, de múltiples talentos" y aseguró que "tu voz y tu bella persona quedan para siempre con nosotros", de Valeria Lynch, de Los Auténticos Decadentes, de Charly García y de Nito Mestre, entre muchos otros, lo que da la pauta de que estamos hablando de alguien que no sólo trascendió fronteras sino que también trascendió generaciones y estilos, y eso no es poco en esta región tan propensa a las peleas internas y a las banderías, porque Rada tenía el don de hacer sentir cómodo a cualquiera que se le parara al lado, desde un rockero hasta un cantor de tango, desde una vedette hasta un músico de jazz.
Dónde y cuándo despedirlo, y qué se come
El velatorio de Rubén Rada se realizará en el Palacio Legislativo de Uruguay, con acceso libre para todo el público que quiera acercarse a darle el último adiós, en lo que promete ser una de esas jornadas larguísimas y emotivas que suelen darse en Montevideo cuando se va alguien que fue muy querido, con filas de gente que se estiran por varias cuadras, conras improvisadas en las veredas, con mesas de tortas fritas y de bizcochos que aparecen como por arte de magia en las puertas de los bares cercanos al Palacio, porque así se despide en el Río de la Plata a los que cantaron como si abrazaran: con música, con comida y con la certeza de que mientras alguien tararee una de sus canciones el Negro Rada va a seguir vivo en algún rincón de la memoria colectiva, que es al fin y al cabo donde viven los que de verdad se quedan.
“La familia Rada es la familia Páez. Hoy se nos fue el gran caudillo del amor y la música. De la risa, el swing y la alegría.”Fito Páez
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