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JUE, 27 AGO 2026
Entretenimiento

Rubén Rada se fue y dejó una hoja de ruta para los músicos que vienen

El cantante uruguayo murió a los 82 años y sus últimas reflexiones sobre Tini, Trueno, Wos, Catriel y el recambio generacional cobraron nuevo peso. Una mirada que combinó elogio del presente, autocrítica y una advertencia exigente para los que empiezan.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos · 26 DE AGO DE 2026 · lectura 4 min
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Lo dijo una abuela de Cerro Norte mientras pelaba papas: "Los viejos que no escuchan a los pibes se mueren dos veces". Rubén Rada, que se fue esta semana a los 82 años, parece haber tomado nota de esa sentencia mucho antes de que le tocara bajarse del escenario, porque en sus últimas entrevistas se la pasó hablando de los músicos que hoy llenan estadios y plataformas, de esos a los que él mismo llamaba con orgullo "los pibes nuevos", y a los que defendía con argumentos que tiraban por tierra la nostalgia barata que suele envolver a los artistas cuando se ponen añosos.

Lo primero que uno tiene que hacer para entender a Rada en estos tiempos es imaginarse el galpón: una sala de ensayo cualquiera de Montevideo, con cables cruzados por el piso, una bandeja con mate a medio tomar y, en una esquina, un señor con sombrero charlando con un rapero de gorra plana que tiene más reproducciones en una semana que todas las radios uruguayas juntas en un año. Esa imagen, que parece inventada, fue exactamente la que Rada describió cuando contó que grabó una canción con un artista de rap y la pieza terminó acumulando quince millones de reproducciones, un número que a sus nietos les sacó una frase que a él lo definió mejor que cualquier crítica: recién ahí le dijeron que "se había ido para arriba".

Los pibes nuevos que Rada abrazó

  • Tini, a quien sumó a la lista de artistas que están "rompiendo" y que él seguía con atención.
  • Trueno, referente del rap argentino que el uruguayo mencionaba como parte del cambio de época.
  • Wos, otra de las figuras que Rada citaba cuando hablaba del presente de la música popular.
  • Conociendo Rusia, el proyecto de Mateo Sujatovich, al que el cantor uruguayo incluía en su mapa afectivo.
  • Nafta y Catriel, dos nombres que Rada mencionó como parte de la camada que admira.
  • Ricardo Mollo y El Plan de la Mariposa, músicos con los que mantenía un vínculo cercano cada vez que cruzaba el Río de la Plata.
“Todo tiempo pasado no fue mejor. El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos.”Rubén Rada

Esa frase, que parece sacada de un manual de buen vivir, era en realidad una declaración de principios que Rada repetía cada vez que le preguntaban por la música que él no había hecho: lejos de llorar por el candombe de los sesenta o por el jazz fusión de los setenta, el cantor uruguayo insistía en que los recursos, los sonidos y las formas de producción de hoy configuran un escenario distinto al de su formación, y que esa diferencia no se mide con la regla de la comparación sino con la del respeto, una postura que no es menor en un músico que lleva más de seis décadas subido a un escenario y que podría haberse ganado el derecho a quejarse de todo.

Ahora bien, no todo fue entrega incondicional al nuevo milenio, y acá viene la parte que a mí, como periodista que sigue de cerca a las camadas que están surgiendo, me parece la más lúcida de su legado, porque Rada fue tan generoso con los elogios como firme con la advertencia que les dejó a los que empiezan: "Que se diviertan, pero que se acuerden que no pueden quedarse en ese lugar, que después de esto tiene que venir otra cosa, si no la gente no les cree", dijo, y la frase tiene la precisión de un diagnóstico clínico aplicado a una industria que tiende a repetir fórmulas hasta gastarlas, desde el reguetón más silvestre hasta el pop más edulcorado, pasando por el rock nacional que él mismo ayudó a construir desde este lado del Río de la Plata.

La autocrítica del que se conoce

Hubo también, y esto es lo que vuelve a Rada un personaje mucho más interesante que la postal del músico celebratorio, un ejercicio de franqueza sobre su propio lugar en la escena, porque el cantante uruguayo admitió sin dramatismo no haber alcanzado la masividad de otros colegas de la región y describió su ubicación en el mapa musical con una fórmula que resume medio siglo de carrera: "Me conocen todos los músicos del mundo, pero no el público", confesó, y esa frase, lejos de ser un lamento, sonaba a la constatación serena de alguien que eligió hacer lo que le gustaba por encima de lo que le convenía, y que igual terminó siendo influence de varias generaciones, algo que él parecía asumir con la misma distancia irónica con la que tomaba el micrófono cada noche.

Mirando todo el cuadro en conjunto, lo que queda de Rada hacia adelante es esa combinación tan rara de elogiar lo nuevo sin dejar de exigir, de celebrar a Tini, Trueno, Wos y Catriel sin por eso bajarles el listón, y de entender que la evolución no es una opción sino la única forma de sostener una carrera, una lección que él practicó hasta el final y que ahora, con su partida, queda flotando como el eco de un groove que se niega a apagarse, y que a mí, que lo vi varias veces sobre escenarios porteños y montevideanos, me sigue sonando como una de las voces más lúcidas que dio la música popular rioplatense en el siglo XX y en lo que va del XXI.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos

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