Tierra Colorada Noticias  Buscar
Dólar oficial $1.535,00 +0,33%Dólar blue $1.540,00 -0,32%Dólar MEP $1.533,10 +0,18%Riesgo país 491 pb -0,61%
JUE, 10 SEPT 2026
Entretenimiento

Chiche Gelblung, el periodista que no sabía parar: se fue a los 82 con el micrófono todavía caliente

Murió en un sanatorio de Palermo después de más de medio siglo en la prensa argentina. Trabajó hasta el lunes, cuatro internaciones en el año y un velatorio en la AMIA que reunió a colegas y artistas. Un recorrido por la vida y la ética de quien hizo del periodismo de calle una forma de estar en el mundo.

EZ
Elba ZimmermannCultura y espectáculos · 10 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Le digo Chiche, como le decía todo el país, aunque su nombre de pila figure en las actas como Samuel, porque me parece que esa es la única manera justa de nombrar a alguien que construyó su carrera a fuerza de estar en la calle, en el estudio, en la redacción, en el lugar donde pasara algo, y de hablar como habla la gente en vez de como hablan los manuales. El miércoles 9 de septiembre de 2026, a las 7.30 de la mañana, Chiche Gelblung murió en un sanatorio del barrio de Palermo, y cuando uno repasa su biografía entiende que la noticia no es tanto que se haya ido, sino que se haya ido tan tarde: tenía 82 años y venía trabajando hasta el lunes, apenas cuarenta y ocho horas antes, cuando todavía se sentó frente al micrófono de su programa radial como si la radio fuera una prolongación natural de su respiración, algo que se hace porque no hacerlo sería peor que cualquier tratamiento.

Lo que me llama la atención, y creo que vale la pena contar porque pinta al personaje entero, es que Chiche había ingresado al sanatorio el martes por un cuadro respiratorio y que esa era su cuarta internación en lo que iba de 2026, un dato que a cualquier persona común lo hubiera obligado a frenar, a replegarse, a entregarse a la convalecencia, pero que en él funcionó al revés: cada alta era una excusa para volver a empezar, como dijo él mismo en junio, apenas recuperado de uno de esos ingresos, cuando le preguntaron cómo estaba y contestó con esa frase tan de Chiche, tan suya, tan breve y tan definitoria: "Todo bien por suerte, mañana ya empiezo".

El velatorio en la AMIA y la última despedida

El velatorio se hizo en una de las salas de la AMIA, en la Ciudad de Buenos Aires, y allí se vio otra vez esa mezcla que Chiche supo armar a lo largo de su vida entre el mundo del periodismo, el del espectáculo y el de la colectividad judía de la que su familia formaba parte. El Gran Rabino de la AMIA, Eliahu Hamra, se acercó a leer los salmos, y después el cortejo partió rumbo al cementerio de La Tablada, donde descansan sus restos, mientras por la sala pasaba una fila larga de colegas, amigos y artistas que se conocían con él desde hacía décadas, algunos desde los tiempos de la revista Radiolandia, otros desde los primeros años de televisión, todos en cierto modo marcados por ese estilo suyo que no se parecía a ningún otro y que sin embargo parecía el más natural del mundo.

“Me hubiera gustado tener una última charla”Graciela Alfano, presente en el velatorio

En abril de 2024, en un ciclo de entrevistas en profundidad, Chiche había hablado de su historia personal con una honestidad que a mí, personalmente, me desarmó un poco, porque uno tiende a imaginar que los periodistas que entrevistaron a todo el mundo se ahorran las preguntas para sí mismos, y sin embargo ahí estaba él contando episodios durísimos de su infancia y el modo en que la muerte lo había atravesado desde chico, hasta el punto de tener que pedir ayuda profesional para poder entenderla y aceptarla, una frase que también pinta al personaje, "Tuve que pedir ayuda a un psicoanalista para entender y aceptar la muerte", y que a esta altura, sabiendo cómo terminó su historia, suena casi como una preparación silenciosa para lo que venía.

Lo que nos queda, además del archivo

  • Una carrera de más de cincuenta años atravesando diarios, revistas, radios y canales de televisión, con el mismo tono directo que lo hizo reconocible desde el primer reportaje.
  • Una ética de trabajo que recién se cortó el lunes, cuando todavía condujo su programa de radio a pesar de las cuatro internaciones que arrastraba en el año.
  • Una presencia pública que sirvió de puente entre el periodismo serio y el mundo del espectáculo, sin que ninguna de las dos orillas se sintiera traicionada.
  • Un registro único de la Argentina de los últimos cincuenta años, contado con la voz de alguien que estuvo en la mayoría de los lugares donde pasó algo importante.

Voy a ser honesta con quien me lee: me cuesta separar la figura profesional del hombre, porque Chiche fue de esos periodistas que cuando aparecían en una mesa de debate o en una cobertura te daba la sensación de que estabas viendo trabajar a alguien que se había hecho solo, que conocía la calle porque la había caminado y que no le debía un favor a nadie, y creo que esa independencia es la herencia más concreta que les deja a los que todavía creemos que se puede informar sin levantar la voz ni bajar la guardia. La pregunta que me queda dando vueltas es con qué otros Chiche nos vamos a encontrar en los próximos años, porque personajes así no se fabrican: se crían, se equivocan, se levantan y vuelven a empezar, y eso, mirándolo bien, ya es toda una forma de militancia.

EZ
Elba ZimmermannCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo