Cinco ideas sobre el corazón que conviene dejar de repetir antes de que sea tarde
Un cardiólogo de Cleveland Clinic repasa los errores más comunes que circulan sobre las enfermedades cardiovasculares y explica por qué siguen haciendo que muchas personas lleguen tarde al diagnóstico. La advertencia llega en un contexto donde esos males explican casi un tercio de las muertes en el mundo.
Son las nueve de la mañana y en la sala de espera de un consultorio del centro ya hay varias mujeres conversando mientras acomodan sus turnos. Marta, vecina del barrio Centro, le cuenta a otra paciente que vino a hacerse un control general porque su marido, de 52 años, terminó internado el mes pasado con la presión por las nubes. Ella, en cambio, tiene 48 y dice sentirse perfecta: nunca se midió el colesterol ni la glucosa, porque siempre asumió que eso era cosa de hombres grandes o de gente que se nota enferma. Acá en la zona centro, y también en cualquier barrio del país, esa misma lógica se repite casi como un lugar común. Y es justamente esa mezcla de confíanzas mal puestas la que hoy pone en alerta a los especialistas, porque las enfermedades cardiovasculares se llevan casi un tercio de las vidas que se pierden en el mundo cada año.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en 2022 esas patologías causaron 19,8 millones de muertes en el planeta, lo que equivale al 32 por ciento del total global. La cifra impresiona, pero no termina de asustar del todo cuando uno escucha las consultas cotidianas: muchos siguen creyendo que el corazón es un asunto de varones maduros, que mientras uno se sienta bien no hay nada que revisar, o que tener un padre o una madre con problemas cardíacos es una sentencia sin apelación. Para desarmar esas creencias, el cardiólogo Luke Laffin, de la clínica Cleveland, repasó los cinco mitos que, según su experiencia, siguen circulando con más fuerza y que pueden tener consecuencias concretas sobre la salud.
Los cinco errores más frecuentes, uno por uno
- El corazón no es cosa de hombres. Laffin es tajante al respecto: el corazón no discrimina por sexo. Las mujeres tienen factores de riesgo propios, como la menopausia, el uso de anticonceptivos orales y ciertas complicaciones del embarazo, y a eso se suma que muchas veces postergan sus controles por atender otras responsabilidades cotidianas. La recomendación es conocer los propios factores de riesgo y conversarlos con el médico de cabecera, que puede derivar a cardiología si hace falta.
- No hace falta esperar a los 50 para empezar a cuidarse. Las alteraciones en arterias y vasos sanguíneos pueden comenzar a los 20, 30 o 40 años, muchas veces sin dar señales. La predisposición genética al colesterol alto o a la hipertensión puede estar presente desde edades tempranas, por lo que los análisis de sangre y los chequeos regulares también son cosa de adultos jóvenes.
- Tener antecedentes familiares no significa que la enfermedad sea inevitable. Sí aumentan el riesgo, pero no determinan el desenlace. Una alimentación saludable, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, dejar de fumar y moderar el alcohol son medidas que reducen esa probabilidad. Cuando los cambios de hábito no alcanzan, existen medicamentos seguros para controlar la presión y el colesterol.
- Sentirse bien no equivale a estar libre de riesgo. La enfermedad coronaria avanza de forma lenta y silenciosa, y la hipertensión y el colesterol elevado generalmente no producen síntomas. En algunos casos, el primer aviso es un infarto o un accidente cerebrovascular. Por eso las consultas anuales con el médico de atención primaria y los análisis periódicos permiten seguir esos indicadores antes de que se conviertan en una urgencia.
- El deterioro cardiovascular no es una condena inevitable del paso de los años. El proceso de envejecimiento de arterias y corazón puede enlentecerse con controles, tratamiento adecuado y cambios sostenidos en el estilo de vida, según explicó el especialista.
“El corazón no discrimina por sexo.”Luke Laffin, cardiólogo de Cleveland Clinic
En mi recorrida por centros de salud y conversaciones con profesionales, lo que más escucho es una variante de la misma confusión: mientras no duela, mientras no pase nada raro, no hay motivo para sentarse en un consultorio. Esa es, en buena medida, la trampa que describe Laffin cuando habla del cuarto mito. La hipertensión y el colesterol alto suelen ser invisibles hasta que un evento grave los delata, y para entonces el margen de maniobra se achica. Lo que este cardiólogo plantea, en definitiva, es algo que nosotros como pacientes solemos esquivar: la prevención no avisa, simplemente funciona cuando todavía no hace falta correr.
La recomendación final del especialista es tan concreta como incómoda: hablar con el médico de cabecera sobre los propios factores de riesgo, pedir análisis de sangre de manera periódica y sostener, a lo largo de los años, los hábitos que ya se saben beneficiosos. Nada de eso reemplaza al cardiólogo, pero sí permite llegar a la consulta especializada con información útil y, sobre todo, a tiempo. Porque lo que Marta y tantas personas esperan, cuando salen de un susto cercano, es que la próxima vez el aviso llegue en un análisis de laboratorio y no en una guardia un domingo a la madrugada.
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