El asfalto que baja de la cordillera: Neuquén teje una ruta de 750 kilómetros para llegar a Chile por tres pasos nuevos
Pichachén y Mamuil Malal entran en obra o se terminan en marzo; Hua Hum espera 2028. La provincia encara más de 200 kilómetros de rutas nuevas para completar un corredor bioceánico que bordea los Andes y conecta 20 pueblos y 20 lagos.
La cordillera de los Andes, en el oeste neuquino, empieza a tener otra textura para quien viaja desde el llano. Ya no es solo la línea blanca y lejana que se recorta contra el cielo: ahora hay una franja de asfalto que se le acerca, la bordea y se anima a cruzarla. El gobierno provincial presentó un corredor vial de 750 kilómetros que corre paralelo a la Cordillera y a la ruta 40, pensado como una columna vertebral para conectar pueblos, lagos y pasos internacionales con Chile. La obra promete cambiar la fisonomía del territorio, donde el pehuén y la lenga todavía reinan sobre laderas que, hasta hace poco, se cruzaban a caballo o en camionetas con el barro como compañía inseparable.
Tres pasos, tres tiempos distintos
El plan no se ejecuta de un tirón, sino por etapas que se irán completando en los próximos años. El primero en moverse será el paso Pichachén, en el norte neuquino, donde las máquinas entrarán en marzo para iniciar una pavimentación largamente demorada. El propio gobierno lo describió como “aquel paso olvidado”, una definición que da cuenta del estado de abandono que tuvo durante décadas el cruce hacia la región chilena del Biobío.
En paralelo, ese mismo mes se termina de pavimentar el paso Mamuil Malal, una obra que venía arrastrándose y que ahora entra en su recta final. La diferencia con el Pichachén es clave: en Mamuil Malal ya hay asfalto en buena parte del trazado y lo que resta es completar los últimos kilómetros, mientras que en Pichachén hay que empezar casi desde cero. La aduana del paso también será intervenida, un detalle que no es menor porque define cuán rápido puede pasar un camión cargado de mercaderías o un turista con el documento a mano.
El tercer eslabón es el paso Hua Hum, que figura en la agenda para 2028. Es el último de los nuevos pasos en incorporarse al corredor y, según los plazos oficiales, recién en esa fecha la provincia podrá mostrar los tres cruces pavimentados y en funcionamiento simultáneo. Mientras tanto, el contraste entre lo que anuncia Vialidad y lo que se ve en el terreno sigue siendo notorio: en los tramos cordilleranos todavía abundan las curvas de ripio, los badenes y los desvíos provisorios que obligan a reducir la velocidad.
Veinte pueblos y veinte lagos, en línea
- El corredor atraviesa de norte a sur una seguidilla de localidades que hasta ahora dependían de rutas internas para vincularse entre sí.
- Lagos como Aluminé, Moquehue, Huechulafquen, Lacar, Lolog y Nahuel Huapi quedan articulados por una misma traza.
- El extremo oriental del corredor se conecta con Río Negro, La Pampa y Buenos Aires, lo que le da perfil bioceánico.
- En total se pavimentarán más de 200 kilómetros de rutas nuevas dentro del programa.
La dimensión ambiental del proyecto es difícil de pasar por alto. Toda la traza se desplaza por el bosque andino patagónico, un ecosistema donde el pehuén, la araucaria emblemática de la región, convive con la lenga y el ñire, y donde aparecen especies como el huemul, el pudú y el zorro colorado, varios de ellos con categorías de conservación que van de vulnerables a en peligro. Cualquier obra vial que recorra ese corredor obliga a preguntarse cómo se compatibiliza el asfalto con la fauna que cruza las rutas en primavera, cuando los guanacos y los choiques bajan a los mallines en busca de agua y pasto fresco.
Desde el gobierno insisten en que el programa cuenta con financiamiento confirmado y que las licitaciones ya están en marcha, lo que en la jerga oficial suele ser la diferencia entre una promesa de campaña y una obra que efectivamente se ejecuta. El corredor, una vez completo, promete un escenario inédito: 20 pueblos y 20 lagos neuquinos enlazados en una misma continuidad vial, con la cordillera como telón de fondo y tres puertas abiertas hacia Chile. La pregunta que queda dando vueltas, mientras las máquinas empiezan a subir y bajar por las montañas, es si este trazado de 750 kilómetros será capaz de ordenar el territorio sin abrirle la puerta de entrada a los problemas que suelen llegar cuando una ruta pavimentada reemplaza al ripio.
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