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SÁB, 05 SEPT 2026
Vida

Florencia Tellado, la sombrerera de Palermo que vistió a la Moria que soñó Griselda Siciliani

Siete meses de taller, ferias americanas recorridas punta a punta y una única reunión cara a cara con La One: la vestuarista cuenta, desde su loft de Matienzo, cómo se construye el guardarropas de una vida entera sin orden cronológico.

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Yanina BenítezSociedad y vida · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Acá en la zona centro de Palermo, en un loft de 145 metros cuadrados donde la luz natural entra como si estuviera ensayada, Florencia Tellado abre la puerta y antes de decir buen día ya está hablando de telas, de hormas, de la serie que le cambió la agenda. Tiene 43 años, dos décadas de carrera en publicidad y producción audiovisual, y acaba de cerrar el trabajo más ambicioso de su vida: el vestuario completo de la biopic de Moria Casán, con Griselda Siciliani como protagonista. Siete meses de oficio puro, desde julio de 2025 hasta febrero de 2026, con el ruido de fondo de un cumpleaños infantil y un audio de WhatsApp que lo empezó todo.

El proyecto le llegó como llegan muchas cosas en este rubro, en medio del barullo. Un director audiovisual la contactó para asumir un área que ella nunca había tocado de lleno: la ficción. Hasta entonces, su currículum era publicidad y algo de su otra gran pasión, la sombrerería, esa rama del oficio que aprendió con tres maestros muy distintos entre sí y que hoy define buena parte de su firma estética.

Un universo de vestuario sin línea de tiempo

La serie recorre toda la vida de Moria Casán, pero no de manera cronológica. Eso, dice Tellado, fue el primer dolor de cabeza y la primera alegría del proyecto: había que armar un guardarropas que pudiera saltar de época sin que el ojo del espectador sintiera el golpe. Lo que se ve en pantalla tiene tres orígenes: piezas hechas a medida para cada actriz, prendas vintage sacadas de ferias americanas y ropa alquilada o reformulada. Identificar qué al universo de Moria y qué no fue, para ella, la tarea central.

“Lo único que tenía en la cabeza era a Moria. Pensaba cómo representarla siendo fiel a su estilo tan único.”Florencia Tellado

La recorrida por las ferias fue, en los hechos, un trabajo de detective. Durante meses, Tellado y su equipo salieron a cazar blusas, pantalones, abrigos y accesorios que pudieran pasar el filtro de La One. El criterio era casi instintivo, entrenado sobre todo en años de mirar figurines, desfiles y archivo propio: hay colores,hay estampados,hay cortes que son Moria, y hay otros que no. La prueba era simple. Si la prenda no gritaba su nombre, no entraba.

Una reunión y el peso del detalle

De todo el proceso, hubo un momento que Tellado recuerda con una mezcla de responsabilidad y de vértigo: la única reunión en persona con Moria Casán. El resto del vínculo fue virtual, por foto, por mensaje, por llamado. Por eso, cuando finalmente se sentaron cara a cara, la conversación fue al hueso: ajuste por ajuste, prenda por prenda, hasta dar con la paleta que la propia Moria validó como propia.

No es la primera vez que su ojo aparece en un producto cultural masivo. En su taller guarda, entre otros recuerdos, el sombrero que vistió a Paco Amoroso para su paso por el Tiny Desk, una pieza que le dio visibilidad fuera del circuito publicitario. También tiene un pedido que llegó por Instagram desde afuera: la producción de Marilyn Manson la contactó para encargarle diseños, un cruce raro entre el under porteño y el rock industrial que ella tomó con la misma seriedad con la que toma todo.

De su paso por Londres, Florencia rescata sobre todo una disciplina que acá a veces se pierde: la del silencio y la precisión. Un milímetro fuera de lugar, dice, arruina el resultado final. Por eso su taller funciona casi como un laboratorio: se mide, se descose, se vuelve a coser, se prueba, se descarta. La serie de Moria fue, en ese sentido, su examen más exigente. Y ahora, con el loft inaugurado y la biopic terminada, lo que nosotros vemos desde afuera es una profesional que por fin puede mostrar todo de golpe: el oficio aprendido en publicidad, la mirada de la sombrerería, la paciencia de las ferias americanas y la obsesión por un detalle que el espectador no siempre nota pero siempre siente.

Mientras acomoda una caja con piezas vintage recién compradas y mira de reojo la mesada donde apoya las hormas, Tellado piensa en voz alta en lo que viene. Dice que el próximo desafío personal es claro, enorme, casi una declaración de intenciones: vestir a Lady Gaga. Todavía no la llamaron. Pero si algo enseñó esta serie es que, en este oficio, los encargos suelen llegar cuando uno menos los espera, disfrazados de audio de WhatsApp en medio de un cumple infantil.

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Yanina BenítezSociedad y vida

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