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MAR, 08 SEPT 2026
Entretenimiento

La obstinación japonesa que hizo grande a Naruto: Hayato Date, el director que le dijo no al mercado internacional

En un momento en que los grandes estudios ya medían todo en función del público de afuera, el director del anime optó por un camino que parecía una locura: pensar primero en los chicos japoneses. Lo que parecía un capricho terminó dándole al mundo una de las series más vistas de la historia, aunque eso sí le haya costado algunas críticas muy filosas del otro lado del Pacífico.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Yo siempre digo que mi vieja, cuando le preguntaban por qué nos criaba a los golpes y no como los demás del barrio, respondía con una frase que me quedó tatuada: «Si les saco el carácter, ya no son mis hijos». Algo de esa lógica, esa obstinación casi de vieja de pueblo, es la que movió a Hayato Date cuando tuvo que decidir qué hacer con el anime de Naruto, la historia del ninja rubio que terminó conquistando el mundo entero. Y te lo cuento porque la historia tiene más miga de la que parece y, sobre todo, porque habla de cómo a veces la mejor manera de llegar lejos es no traicionarse en el pueblo.

La presión que ya se sentía desde el primer día

Porque cuando arrancó la producción del anime, los responsables ya sabían que estaban cocinando algo que se iba a mirar desde afuera. El manga de Masashi Kishimoto era un fenómeno y la conferencia de prensa inicial contó con enviados de medios de Estados Unidos y otros países, algo poco habitual para la época en una serie animada japonesa. Date lo reconoció sin vueltas en una charla en Anime India: «Para ser sinceros, cuando hicimos Naruto, incluso entonces, ya había una gran presión para hacer que la serie vendiese bien fuera de Japón». Frente a eso, en lugar de amoldarse, fue al hueso: «Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera».

La estrategia del equipo: pensar como japoneses primero

La decisión fue concreta, casi de manual de galpón: antes de mover una sola imagen, el equipo se preguntó qué necesitaban los japoneses para que la serie les funcionara. Todo lo demás quedó en segundo plano. Y esa definición de prioridades, que suena casi obvia en la teoría, en la práctica les valió críticas durísimas del otro lado del océano, sobre todo desde Estados Unidos, donde llovieron quejas por el uso de kunai y otras armas de filo por parte de los personajes. Lejos de amansarse, Date las despreció con una frase que define toda su filosofía: «Si quitas los kunai, ya no es Naruto».

El resultado: identidad intacta y alcance planetario

Lo más loco de la historia es que esa negativa a ceder frente a la censura de su mercado más jugoso afuera de Japón no les salió mal. Muy por el contrario: Naruto terminó convertido en uno de los animes de mayor alcance global de las últimas décadas, sentado en la misma mesa de Dragon Ball y One Piece, esos monstruos sagrados del género. La pregunta que queda dando vueltas, y que vos también te estarás haciendo, es si esa misma lógica va a sobrevivir a la nueva etapa que se viene: una película de acción real que tiene a Destin Daniel Cretton sentado en la silla de director. Habrá que ver si eligen seguir el camino de Date o si pasan la máquina de escribir por encima de la obra de Kishimoto.

  • Date asumió que la presión internacional existía y, aun así, eligió hacer foco en el público japonés antes que en cualquier otro.
  • El equipo de producción partió de una sola pregunta: qué necesitaba Naruto para funcionar en Japón, y subordinó todo lo demás a esa definición.
  • Las quejas llegadas desde Estados Unidos por el uso de kunai y armas de filo fueron desoídas por decisión consciente del director.
  • La serie mantuvo su identidad visual y narrativa intacta y, aun sin ceder a la censura externa, se volvió una de las más vistas del mundo.
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Elba ZimmermannCultura y espectáculos

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