Maternidad compartida: dos mamás, dos cuerpos, un mismo proyecto de familia
El método ROPA permite que ambas integrantes de una pareja de mujeres participen del proceso reproductivo, una como donante de óvulos y la otra como gestante. Una pareja del centro del país cuenta cómo fue pasar de tratamientos frustrados a armar una familia con dos hijas.
Son las nueve de la mañana y en la sala de espera de un consultorio de fertilidad, acá en la zona centro, se cruzan las miradas de Pamela y Mariana. Llegan con la carpeta llena de estudios, con carpetas de otros intentos que no salieron bien y con una pregunta que les cambia la vida cuando la médica se las plantea por primera vez: y si las dos participan del embarazo. Años después, las dos se ríen de ese día porque todavía les cuesta creer que esa conversación terminó en Juana y en Eva, sus dos hijas.
Decidir quién aporta los óvulos y quién lleva el embarazo es, para cualquier pareja de mujeres que se plantea el método ROPA, una de las primeras decisiones concretas. Y no es una decisión abstracta ni un trámite: la voz de cada una entra al consultorio con su historia, con sus tiempos y con su cuerpo. Nosotros, como periodistas, nos sentamos a escuchar cómo se toma esa definición en la práctica y qué hay del otro lado, cuando la familia ya está en casa.
Qué es el método ROPA y cómo se hace
La sigla ROPA significa Recepción de Ovocitos de la Pareja y, en los papeles, se trata de un procedimiento de fecundación in vitro con una particularidad que lo vuelve único: los óvulos y el útero que los recibe pertenecen a dos mujeres distintas, pero las dos son mamás de la criatura que nazca. El especialista en medicina reproductiva Agustín Pasqualini lo explica así, con la claridad que se pone cuando uno sabe que del otro lado hay gente tomando notas mentales sobre su futuro.
- A una de las mujeres se le estimula los ovarios para obtener los óvulos del ciclo.
- Esos óvulos se fecundan en el laboratorio con semen de un donante anónimo.
- El embrión que resulta se transfiere al útero de la otra mujer, que pasó por una preparación endometrial previa.
- Ambas firman consentimientos y ambas quedan registradas como madres desde el inicio.
Quién pone los óvulos y quién gesta: una decisión a dos voces
No existe un reparto obligatorio de roles. La decisión se arma entre las dos y con el equipo médico, y por eso Pasqualini insiste en que la consulta es, ante todo, una conversación. En la mujer que dona los óvulos se miran la edad y la reserva ovárica, porque de eso depende la cantidad y la calidad de los óvulos que se puedan obtener. En la que va a gestar se revisan la salud general, la historia ginecológica y obstétrica y, sobre todo, las condiciones del útero. Cuando las dos están en condiciones de ocupar cualquiera de los dos lugares, lo que termina de inclinar la balanza son los deseos de cada una: cómo quiere vivir la maternidad, qué quiere sentir en el cuerpo, qué proyecto de familia imagina. Mariana y Pamela lo tenían hablado antes de entrar al consultorio de la doctora Liliana Blanco, que es la médica que las acompaña desde hace años. Por la diferencia de edad entre las dos, la idea era que Mariana gestara primero. Cuando les propuso hacer ROPA con Pamela como donante de óvulos, el plan que ya habían imaginado en casa encontró un nombre técnico. Juana nació de ese primer tratamiento y, dos años más tarde, Pamela gestó a Eva. Los dos embarazos se lograron en la primera transferencia.
Lo que pasa afuera del consultorio
Porque todo método trae su parte clínica y su parte humana, y acá la parte humana pesa. Pamela recuerda que, mientras Mariana estaba embarazada de Juana, la miraban en la calle y en los turnos médicos sin saber bien qué lugar ocupaba. Mamá, tengo que explicar todo el tiempo que también soy la mamá, me decía. Esa escena se repitió hasta que el paso del tiempo y la costumbre fueron ordenando las cosas. Hoy, las dos lo cuentan con una mezcla de cansancio y de orgullo: la insistencia cansa, pero haber construido esta familia llena.
Lo que esta familia espera que pase
Mariana y Pamela ya están del otro lado del camino. Mirando hacia atrás, lo que esperan que pase es que cada vez menos parejas tengan que explicar lo que en su casa es lo más normal del mundo: que Juana tiene dos mamás y que Eva también, y que el cuerpo de las dos participó para que ellas estén acá. Mientras tanto, siguen contestando preguntas, siguen armando la historia familiar para sus hijas y siguen insistiendo, con una paciencia enorme, en que maternidad compartida no es un trámite médico: es un proyecto de vida.
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