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SÁB, 05 SEPT 2026
Turismo

Pedales entre coihues y espejos de agua: cómo recorrer la Ruta de los Siete Lagos sobre dos ruedas

El clásico corredor que une Villa La Angostura con San Martín de los Andes suma cada año más ciclistas. Entre opciones autónomas con trailer y tours organizados con vehículo de apoyo, la bicicleta se afianza como una manera distinta de atravesar los parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi en plena Patagonia.

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Natalia KriegerAmbiente y selva · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

El asfalto húmedo todavía brilla cuando el primer grupo de ciclistas se acomoda sobre las bicis en el acceso norte de Villa La Angostura; a su alrededor, los coihues y las lengas cargan el rocío de la madrugada neuquina y el aire trae ese frío limpio que solo se siente cuando uno está parado en la puerta misma de la estepa andina. A pocos metros, una liegue patagónica cruza el camino con esa desobediencia tranquila que tienen los animales en los parques nacionales, y un cartel deteriorado por la intemperie anuncia lo que viene: 110 kilómetros hacia San Martín de los Andes por la Ruta de los Siete Lagos, atravesando los espejos del Lácar, el Machónico, el Falkner, el Villarino, el Escondido, el Correntoso y el Espejo.

El trayecto, que históricamente se associated con el viaje en auto o en combi de turistas que bajan desde Bariloche, se fue transformando en los últimos años en un corredor cada vez más amigable para los ciclistas, con dos modalidades bien definidas que cambiaron la forma de pensarlo: por un lado, el viaje autónomo con bicicleta alquilada y trailer de equipaje; por el otro, el tour organizado con guía, mecánico y vehículo de apoyo, pensado sobre todo para quienes llegan de afuera y quieren despreocuparse de la logística.

Dos maneras de pedalear la misma montaña

  • Viaje autónomo: alquiler de bicicleta con un trailer chico donde se lleva el equipo (casco, inflador, cámaras de repuesto, kit de parches, herramientas, candado y chaleco reflectivo), retiro en San Martín de los Andes y devolución en Villa La Angostura, con mapa de campings señalizados y una duración habitual de tres días y dos noches.
  • Tour organizado desde Bariloche: cinco días en grupos de entre 30 y 40 personas, con paso previo por el Circuito Chico, Paso Córdoba, Laguna Rosales y el bosque de arrayanes, bicicletas eléctricas disponibles, guías, mecánicos y vehículo de apoyo; es la opción más elegida por viajeros mayores de 50 años.
  • Tours cortos desde Villa La Angostura: operadores que arman itinerarios de dos, tres y cuatro días con logística previa y posterior incluida, ideal para quienes ya están en la zona y quieren pedalear sin ocuparse del traslado del equipaje.

Más allá del modo elegido, los testimonios de quienes ya hicieron el recorrido coinciden en un punto: no hace falta ser un ciclista de alto rendimiento, pero sí llegar con un mínimo de estado físico porque el segundo día suele ser el más exigente, por la acumulación de kilómetros y por los desniveles que se cargan en las piernas. Para quienes viven en zonas llanas, como Buenos Aires o Rosario, los operadores recomiendan un entrenamiento de cinco a seis meses con foco en fuerza de piernas, muchas horas de rodar en calle (no solamente en bicicleta fija) y práctica específica del manejo de cambios y piñones, porque son los pequeños detalles mecánicos los que terminan definiendo si la travesía se disfruta o se padezca.

La alimentación también es parte del entrenamiento: proteínas e hidratos de carbono antes y durante el recorrido son la diferencia entre un viajero que llega al lago Lácar con energía para seguir sacando fotos y uno que se queda pegado en la primera subida larga. La temporada recomendada va de noviembre a abril, con la recomendación firme de evitar enero, cuando la ruta se congestiona con tráfico vehicular, los campings se colmaron y el paisaje, que parece idílico desde Buenos Aires, se vuelve una pequeña Caracas rodante entre combis y micros.

Ecología pampeana vs. terreno patagónico: lo que muchos cicloturistas subestiman es la combinación de viento, frío húmedo y cambios de altura en pocos kilómetros, que nada tiene que ver con pedalear por la ciclovía de Buenos Aires o por la costanera de Rosario. En la ruta, la selva valdiviana deja lugar a los bosques de coihues centenarios que pueden alcanzar los treinta metros de altura y, en los valles más abiertos, a las lengas que tiñen de rojo el otoño cordillerano, un contraste cromático que ningún espejo de agua puede devolver igual que cuando uno lo mira desde abajo del pedaleo. Ahí, justamente, está la discusión pendiente entre lo que se promete desde los folletos y lo que efectivamente se encuentra en el terreno: la Ruta de los Siete Lagos en bicicleta deja de ser postal cuando se transforma en esfuerzo sostenido, y esa frontera entre el viaje soñado y la travesía real es la que decide, al final, quién vuelve a casa a contar la experiencia y quién prefiere volver al asiento del micro.

Entonces, la pregunta que queda picando es inevitable: si la Patagonia ya se viene adaptando con campings señalizados, trailers, vehículos de apoyo y hasta bicicletas eléctricas para un corredor pensado originalmente para autos, ¿en algún momento las autoridades de los parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi van a dejar de tratar al ciclista como un ocupante tolerado del camino y van a empezar a diseñarlo, de verdad, como un usuario más del área protegida?

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva

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