Solberg se dio un baño de barro en Chile y Toyota igualó una marca que parecía de otro siglo
El sueco de 24 años ganó el Rally Chile Biobío de punta a punta, le sacó 16 segundos a Ogier y le regaló a la marca japonesa su décimo título de constructores en el WRC, cifra que solo Lancia había tocado. Evans sigue arriba en el campeonato de pilotos, pero ahora con menos aire.
Vayan buscándose un ventilador, porque lo que pasó este fin de semana en el sur de Chile fue un infierno de polvo, calor y piedras. Y en ese horno se cocinó un triunfo que le cambió la cara al año. Oliver Solberg, el pibe sueco de 24 años, manejó el Rally Chile Biobío como quien ordena la verdulería un domingo a la mañana: con la lista hecha y sin sorpresas.
Un fin de semana con dueño desde el viernes
Solberg y su copiloto Elliott Edmondson salieron a mandar desde el primer tramo del viernes. Cedieron la punta un ratito, una prueba especial nomás, después de que Elfyn Evans los pasó el sábado temprano. Pero el susto duró lo que dura un suspiro: el sueco la recuperó al tramo siguiente y no la soltó más. Cuando cruzó la meta en Concepción, le llevaba 16 segundos y 6 décimas a un monstruo como Sébastien Ogier. Tercero, a 33 segundos, llegó Adrien Fourmaux para Hyundai.
Es el tercer grito en el Mundial para Solberg y el segundo del año, porque ya había ganado en Montecarlo en la fecha inaugural. Con Montecarlo, Estonia y este Chile, el nene ya tiene un currículum que muchos veteranos de la categoría firmarían con los ojos cerrados.
Toyota tocó el techo de la historia
Pero la foto del domingo no fue solo para Solberg. Toyota llegó a Chile necesitando siete puntos para cerrar el campeonato de constructores y los sacó de encima con la misma naturalidad con la que uno se saca un peso de encima al llegar a casa en enero. Este es el décimo título de la marca japonesa en el WRC y el sexto seguido desde 2021. La racha anterior la había firmado Lancia entre 1987 y 1992, cuando los Delta Integrale parecían pintados en los tramos de todo el mundo.
El historial de Toyota en la categoría arranca en 1993, con aquella primera corona. Sumó dos más en 1994 y 1999, se fue un rato, volvió en 2017 y ganó en 2018 antes de empezar a coleccionar títulos como quien junta tapes de los Red Hot.
Lo que dejó el resto del podio
Ogier, nueve veces campeón del mundo, subió al podio por 120ª vez en su carrera e igualó la marca de Sébastien Loeb. Dos nombres que parecen tallados en mármol. Cuarto, a un minuto 33 segundos del ganador, terminó Sami Pajari con el otro Toyota, después de perder el envión que lo había hecho ganar tres rallies al hilo en Estonia, Finlandia y Paraguay. Algo así como el equivalente futbolero de hacer tres goles en una semana y después fallar uno a quema ropa.
Evans, que marchaba segundo y soñaba con escaparse en el campeonato, pinchó una rueda en el penúltimo tramo y terminó quinto. Se conformó con el segundo mejor tiempo en el Wolf Power Stage para sumar puntos extra, que en inglés sería algo así como el consuelo de la mona, pero que en el WRC a veces vale oro.
Cómo siguen los campeonatos
Evans sigue siendo el líder del torneo de pilotos, pero la ventaja se le acortó. Solberg quedó a 21 puntos del galés, con Pajari en el medio, a solo cuatro unidades del sueco. Faltan dos fechas: el Rally de Italia-Cerdeña en octubre y el cierre en Arabia Saudita. Si Evans sale de Cerdeña con al menos 36 puntos de diferencia sobre cualquier perseguidor, el título queda casi servido. Y si no, nos vamos a Arabia a comer dátiles con tensión.
En las categorías de abajo también hubo novela: Yohan Rossel se llevó el WRC2 y Robert Virves se coronó en el WRC3, dos nombres para seguir de cerca pensando en el futuro.
Yo me juego por lo siguiente: Evans va a aguantar el campeonato, pero Toyota ya tiene la mesa servida para meter el undécimo título en el horizonte. ¿Que me puedo equivocar? Sí, claro. Pero a mí nadie me quita el derecho de errar con onda.
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