Una avalancha en Chapelco volvió a poner en primer plano los límites del filo: lo que hay que saber antes de lanzarse fuera de pista
Dos esquiadores pasaron a metros del manto blanco que se desprendió en el sector posterior del Cerro Chapelco. El operativo cerró el área y reavivó el debate sobre qué pasa cuando alguien se anima más allá de lo señalizado.
Son las últimas horas de la tarde del jueves y, mientras la luz empieza a jugar en contra sobre la nieve, una franja entera del Cerro Chapelco parece desplomarse sobre sí misma. Es una columna densa, blanquísima, que baja a toda velocidad por la ladera posterior del filo, a casi 1.980 metros sobre el nivel del mar, y que durante unos segundos deja a todos con el aire cortado. Lo que se ve en los videos que circularon después es una nube baja avanzando como si tuviera voluntad propia y, muy cerca del frente, dos personas que esquían en zigzag y que terminan saliendo ilesas de un escenario que, por unos instantes, pintó para mucho peor.
Qué pasó en el filo y por qué no era una zona habilitada
El sector donde se generó el desprendimiento no forma parte del dominio esquiable, es decir que no está abierto al público ni señalizado para que la gente baje por allí. Las propias autoridades del complejo aclararon que se trata de uno de los puntos más altos del cerro y que está vedado por una razón concreta: la acumulación de nieve que arrastra el viento después de las tormentas suele armar capas inestables, y el paso de personas termina siendo el peso extra que desencadena el colapso. Por eso, apenas se detectó la avalancha, se activó el protocolo de seguridad y se impidió el ingreso de cualquier persona mientras los equipos evaluaban la estabilidad del terreno.
“Acá en la zona centro del cerro todos sabemos que el filo tiene su propio reglamento: o lo respetás, o te puede llevar puesto. Menos mal que esta vez fue un susto.”Viviana, vecina de San Martín de los Andes, skater habitual de Chapelco
Para nosotros, los que vivimos a la sombra del Chapelco, este tipo de noticias nunca termina de caer bien. No porque Chapelco sea inseguro, todo lo contrario: el centro de esquí trabaja con un operativo de patrullaje serio y con profesionales que conocen cada pliegue de la montaña. Lo que nos inquieta es la insistencia de algunos visitantes en meterse igual donde no se debe, muchas veces convencidos de que la nieve virgen es un premio y no un riesgo. La recomendación es bien clara: quedarse dentro de las pistas señalizadas, leer los carteles y hacerle caso al personal del complejo, por más simpáticos que parezcan cuando nos retan desde la base.
Por qué se mueve la nieve
Una avalancha no aparece de la nada. Se produce cuando una masa de nieve pierde estabilidad sobre la pendiente y empieza a deslizar ladera abajo, cada vez más rápido y sumando más material a su paso. Hay cuatro factores que casi siempre aparecen en el medio:
- Acumulación de capas de nieve con distinta consistencia: cuando una capa débil queda enterrada debajo de otra más pesada, termina cediendo.
- Cambios bruscos de temperatura: el calor de mediodía o la lluvia hacen que la nieve pierda adherencia.
- Viento: redistribuye la nieve hacia ciertos puntos del filo y genera cornisas y acumulaciones que pueden colapsar.
- Inclinación del terreno: a mayor pendiente, mayor probabilidad de deslizamiento.
- Paso de personas por sectores no habilitados: el propio peso del esquiador o snowboarder puede ser la gota que rebalsa la copa.
Después de las nevadas intensas, lo que hace el viento es redistribuir la nieve hacia determinados puntos de la ladera y formar acumulaciones que, si la adherencia entre capas es débil, se vuelven trampas con patas. Por eso los centros de delimitan con precisión las zonas seguras: no es un capricho comercial ni una manera de sacarnos un extra, es ingeniería de montaña puesta al servicio de que volvamos a casa enteros.
Lo que se viene y lo que se espera que pase
La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre, así que todavía queda bastante nieve por delante y, si el clima acompaña, varios fines de semana con la montaña llena. La expectativa, por acá, es que este episodio sirva para que cada uno haga su propio click: que quienes ya tienen experiencia en fuera de pista entiendan que el cerro cambia de una semana a la otra, y que los que recién se inician no se dejen tentar por el clásico “vengo todos los años y nunca pasó nada”. Porque a veces pasa, y cuando pasa, pasa muy rápido.
Mientras tanto, el complejo ya retomó laoperatoria normal en el resto del dominio esquiable, con todos los sectores habilitados funcionando como siempre, salvo el área del filo, que seguirá cerrada hasta que los equipos técnicos den el visto bueno. La montaña, como nos repite cada invierno, no negocia.
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