Banco Nación estira la billetera en UVA para llegar a un auto de 100 millones sin dejar el DNI como garantía
La nueva línea para vehículos 0 km y usados de hasta 10 años desembarca con tasa UVA más 19% para clientes de haberes y promete cuotas iniciales hasta un tercio más bajas que la línea tradicional en pesos, aunque el capital se recalcula con la inflación y puede pegar saltos a lo largo del préstamo
Desde el lunes 7 de septiembre, el Banco Nación puso en la calle una modalidad de crédito en UVA atada a su línea para comprar vehículos, una movida que en los papeles busca acercar a clientes de ingresos medios y medios altos a un 0 km o a un usado de hasta diez años, con un tope de 100 millones de pesos por persona, financiación del ciento por ciento del valor del rodado y, sobre todo, sin exigencia de prenda, una traba que suele cortar de cuajo las operaciones de quienes no tienen un bien para dejar como respaldo.
En la práctica, el sistema apunta a un segmento muy puntual del mercado automotor argentino, ese que ya mira vitrinas por encima de la franja de los veinte o los veinticinco millones de pesos y que suele toparse con que el préstamo clásico en pesos le come casi la mitad del sueldo apenas cae la primera cuota en el resumen.
Cómo se accede y qué tasas maneja la línea
- Monto máximo: 100 millones de pesos por solicitante, sin prenda y con cobertura de hasta el 100% del valor del vehículo.
- Plazo: de 12 a 60 meses, con tope de cuota equivalente al 25% de los ingresos netos del titular.
- Tasa para clientes de haberes o jubilación en el banco: UVA más 19% TNA.
- Tasa para el resto: UVA más 25% TNA.
- Trámite: en más de 1.400 concesionarios adheridos y 1.800 puntos de venta, con DNI y gestión online.
- Vehículos alcanzados: autos, pickups y utilitarios, 0 km y usados con hasta 10 años de antigüedad.
Para graficar la diferencia con la línea tradicional en pesos, el propio Banco Nación difundió ejemplos sobre un préstamo testigo de diez millones a sesenta meses: un cliente con haberes en la entidad arrancaría pagando 292.656 pesos en la nueva modalidad en UVA, frente a 424.330 pesos en la línea a tasa fija; para quienes no cobran sueldo en el Nación, las cifras trepan a 343.333 pesos contra 508.664 pesos, una brecha de entre el 31% y el 32% en la cuota inicial que se explica, justamente, porque el capital se ajusta por la evolución del índice y no por una tasa fija en pesos que ya viene cargando la inflación esperada.
La línea en pesos, vale la pena recordarlo para no mezclar las peras con las manzanas, mantiene tasas del 36% TNA para clientes de haberes y previsional, y del 46% TNA para el resto, con plazos de hasta 72 meses y un tope de cuota sobre ingresos que va del 30% al 35% según el perfil, de modo que la comparación que hace el banco al mostrar ejemplos en UVA no es entre dos productos idénticos sino entre dos esquemas con lógicas de ajuste muy distintas.
Para tratar de ponerle un anillo al índice, el banco ofrece una prima adicional de un punto porcentual anual que habilita un tope de cuota atado al Coeficiente de Variación Salarial (CVS), un mecanismo pensado para dar previsibilidad sobre el valor mensual a pagar y para que el salto de la cuota no termine escapándosele al deudor en un escenario de inflación alta, aunque ese paraguas tiene un costo extra que se suma a la tasa y que se termina traduciendo en un capital final más alto.
La letra chica que el banco aclara sobre el final
En su comunicación, el Nación remarca que los ejemplos publicados son meramente orientativos y que cada solicitud queda sujeta a evaluación crediticia y a las condiciones vigentes al momento de pedir el préstamo, un recordatorio que cobra relevancia en un escenario donde la UVA se mueve al ritmo de la inflación y donde la tasa de interés, incluso con el tope del CVS, puede dejar al deudor pagando durante meses un capital que se reescribe según los índices oficiales, un punto que suele quedar enterrado en la letra chica y que termina explicando buena parte de los reclamos cuando el plan original se desborda.
La pregunta de fondo, en un país donde la UVA lleva más de una década acumulando polémicas en créditos hipotecarios y personales, es quién se queda con la diferencia entre una cuota inicial que en el papel luce más barata y un capital que se ajusta mes a mes, porque en el mientras tanto el banco cobra intereses sobre un monto que se va agrandando con la inflación, el concesionario cobra el vehículo a valores de hoy y el cliente termina pagando un bien cuyo precio efectivo termina siendo bastante más alto que el de la oferta original, un combo que, mirado de cerca, recuerda por qué las líneas en UVA suelen describirse como una herramienta potente pero con filo.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Tierra Colorada Noticias