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DOM, 18 OCT 2026
Vida

Cuando una pierna se vuelve la señal de alerta: cómo reconocer a tiempo un coágulo de sangre

Dolor, hinchazón y calor en una sola pierna pueden ser la punta de un problema serio. Un cardiólogo preventivo enumera las cuatro pistas que el cuerpo deja sobre la piel y por qué hay etapas de la vida en las que conviene prestar más atención.

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Yanina BenítezSociedad y vida · · lectura 5 min
Cuando una pierna se vuelve la señal de alerta: cómo reconocer a tiempo un coágulo de sangre

Son las siete de la tarde y María Eugenia, vecina del barrio centro, baja del colectivo después de una jornada larga y nota algo que antes no estaba: la pantorrilla derecha le pesa, le duele y está más hinchada que la izquierda. Piensa en un calambre, se sirve agua y se sienta a descansar. Pasan las horas y la sensación no se va. La piel, además, se siente tibia, casi caliente en un sector que el resto del cuerpo tiene a temperatura normal. Acá en la zona centro, donde uno vive a las apuradas, muchas veces se confía en que el dolor se va solo. Sin embargo, lo que María Eugenia está describiendo —dolor, hinchazón, calor y cambio de color— es exactamente la combinación de señales que el cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco repite como un mantra cuando le preguntan a qué hay que estar atento para sospechar un coágulo sanguíneo en una vena profunda, lo que en la jerga médica se llama trombosis venosa profunda.

Cuatro pistas que el cuerpo deja sobre la piel

  • Dolor o sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o en el muslo, que aparece sin un golpe que lo justifique.
  • Hinchazón en una sola pierna o en una parte de ella, no en las dos.
  • Cambio de color en la piel de la zona afectada: puede verse más rojiza, azulada o más oscura de lo habitual.
  • Sensación de calor localizada, como si la piel estuviera más tibia que en el resto del cuerpo.

Esas cuatro pistas no confirman nada por sí solas —para eso hace falta un estudio médico, un análisis de sangre y muchas veces una ecografía—, pero sí justifican una consulta inmediata. Lo que pasa si el coágulo no se detecta es lo preocupante: puede desprenderse, viajar por el torrente sanguíneo hasta los pulmones y provocar una embolia pulmonar, una complicación que puede ser fatal. Por eso Lo Monaco insiste en que cualquier persona que las reconozca debe tomarlas como motivo suficiente para acercarse a un profesional y, si aparecen síntomas pulmonares, llamar directamente a emergencias.

Los síntomas que ya no son de piernas, sino de pulmones

Cuando el coágulo llegó a los pulmones la película cambia. La persona suele sentir dificultad para respirar de manera súbita, dolor en el pecho que se intensifica cuando uno toma aire, tos con sangre e incluso puede perder el conocimiento. Frente a cualquiera de estos cuadros no hay espera que valga: corresponde pedir ayuda médica de inmediato, porque estamos hablando de una emergencia. La diferencia entre actuar a tiempo y llegar tarde a la guardia puede medirse en horas.

Quiénes cargan con más riesgo y por qué

  • Haber tenido un coágulo previamente, porque la historia personal suele repetirse.
  • Tener antecedentes familiares o condiciones hereditarias como la trombofilia.
  • Fumar, porque el cigarrillo.lastima la pared de las venas y favorece la coagulación.
  • Pasar períodos prolongados con movilidad reducida, ya sea por un viaje largo, una cirugía o estar en cama.
  • Vivir con diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer, enfermedades que de por sí alteran la manera en que la sangre coagula.

Tres momentos de la vida de las mujeres que merecen atención

Hay etapas en la vida de una mujer en las que el riesgo se mueve de manera significativa y conviene tenerlo presente, no para asustarse, sino para tomar precauciones. La primera es el uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno: para la mayoría de las usuarias el riesgo extra es bajo, pero existe y crece si se suman otros factores como ser fumadora o tener antecedentes. La segunda es el embarazo y el posparto, una ventana de mayor vulnerabilidad porque el cuerpo activa mecanismos para evitar el sangrado excesivo durante el parto y eso, paradójicamente, favorece la coagulación. La tercera es la terapia hormonal para tratar síntomas de la menopausia cuando incluye estrógeno: alivia los calores y los cambios de humor, pero puede elevar el riesgo de coágulos y la decisión de usarla tiene que conversarse caso por caso con el médico de cabecera.

“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo

El especialista subraya algo que en el consultorio repite una y otra vez: los riesgos no son fijos a lo largo de la vida, sino que se modifican con el embarazo, con los tratamientos hormonales, con los cambios en la movilidad y con el paso de los años. Por eso el consejo más adecuado para cada persona no puede ser el mismo que se le da a la vecina o al compañero de trabajo: depende de la historia clínica de cada uno. Quienes ya atravesaron un coágulo o tienen familiares directos con problemas de coagulación son, según Lo Monaco, quienes más necesidad tienen de hablarlo con un profesional antes de que aparezca un síntoma, porque para ellos la prevención deja de ser una palabra genérica y se vuelve una tarea concreta.

María Eugenia, la del principio, esperó hasta el día siguiente y fue a la guardia. Le hicieron los estudios y le diagnosticaron una trombosis venosa profunda a tiempo. Hoy toma el anticoagulante que leIndicaron, hace los controles periódicos y aprendió a leer el mapa de su propio cuerpo. Cuando le pregunto qué espera de aquí en adelante, me lo dice sin rodeos: espera no volver a sentir esa pantorrilla caliente y pesada, y espera que quien esté leyendo esta nota no postergue la consulta si nota algo parecido. Porque en estos temas, esperar no es una opción: es un riesgo que el cuerpo termina pagando.

YB
Yanina BenítezSociedad y vida

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