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MAR, 08 SEPT 2026
Turismo

La península del arrayán: un bosque de canela y agua quieta en el Nahuel Huapi

En Quetrihué, una de las concentraciones más notables de Luma apiculata de la Patagonia crece entre costas lacustres, senderos de montaña y un clima que tiñe los troncos. Cómo llegar desde Neuquén y qué conviene tener en cuenta antes de viajar.

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Allá lejos, sobre la península que el lago Nahuel Huapi abraza con su agua verde oscura, los troncos se tiñen de canela apenas el sol se abre paso entre el follaje. No es un truco de la luz: es la corteza del arrayán, un árbol nativo del bosque andino-patagónico cuya piel se desprende en placas finísimas y deja ver vetas rojizas, anaranjadas y casi doradas según la humedad del ambiente. Esa sola imagen, la de un bosque iluminado desde adentro, alcanza para entender por qué tanta gente llega hasta Villa La Angostura con una sola idea fija en la cabeza.

Un ecosistema excepcional sobre 470 kilómetros de ruta

El Bosque de Arrayanes ocupa la península de Quetrihué, dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, y reúne una de las concentraciones más llamativas de arrayán (Luma apiculata) que existen en la región andino-patagónica. La especie aparece en otros puntos del bosque, pero el porte y la densidad que alcanza aquí convierten al sitio en un paisaje poco habitual. A su alrededor conviven coihues, cipreses y otras especies del bosque andino, y toda esa masa de árboles se asoma al lago por costas que parecen recortadas a mano.

Desde Neuquén capital, el camino recorre unos 470 kilómetros por la ruta nacional 22, luego la 237 y finalmente la 40, hasta llegar a la zona de Villa La Angostura. De ahí en más, el viaje se bifurca en dos opciones que vale la pena evaluar con tiempo.

Dos formas de llegar, una sola península

  • A pie o en bicicleta de montaña: desde Bahía Mansa parte un sendero señalizado que se interna progresivamente en el bosque y atraviesa distintos ambientes naturales. Las modalidades habilitadas pueden variar según la temporada.
  • En lancha o excursión lacustre: navegando el Nahuel Huapi, la península, la costa boscosa y la cordillera aparecen como parte de un mismo panorama. Es una manera distinta de tomar dimensión del lugar.
  • Combinando ambos: la opción más elegida es hacer un tramo por una vía y volver por la otra, lo que permite ver el bosque desde sus dos caras.

La Administración de Parques Nacionales suele remarcar la necesidad de mantenerse en los senderos habilitados, no extraer ningún elemento natural —ni una rama, ni una baya— y retirar los residuos generados. La cartelería del parque marca los límites de circulación y el estado de los sectores que están abiertos al público. En el terreno, sin embargo, no es raro cruzarse con visitantes que se salen del sendero buscando la foto perfecta, una práctica que las autoridades remarcan como contraproducente para la conservación del suelo y de los renovales del propio arrayán.

Antes de subir al auto

Antes de viajar conviene verificar el estado de las rutas y las condiciones meteorológicas: en invierno y parte de la primavera la nieve puede complicar el acceso terrestre a Quetrihué. También es recomendable confirmar la disponibilidad de los servicios de navegación, que dependen de la temporada y de las condiciones del lago. Con esos dos puntos chequeados, el resto queda en manos del clima y de la paciencia del visitante.

Una pregunta que queda picando

La conservación de un bosque tan singular depende tanto de la Administración de Parques como de la conducta cotidiana de quienes lo recorren, y los guardaparques lo repiten cada temporada: ¿se puede mantener este paisaje intacto cuando cada año llegan más visitantes atraídos por la postal del arrayán color canela?

NK
Natalia KriegerAmbiente y selva

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