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MAR, 08 SEPT 2026
Vida

Las guardias pediátricas se tiñen de tos: por qué el segundo pico respiratorio encontró a las familias con el termómetro bajo el brazo

Entre fines de julio y principios de septiembre las consultas semanales por enfermedades respiratorias en niños pasaron de 561 a 1.612 en la provincia, un salto del 187%. El Virus Sincicial Respiratorio vuelve a ser el gran protagonista y los bebés menores de un año son el grupo más vulnerable. Te contamos qué está pasando, cómo se transmite y qué herramienta gratuita tienen las embarazadas para proteger a sus hijos.

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Yanina BenítezSociedad y vida · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 5 min

Me toca escribir esta nota con la térmica del living marcando quince grados y una taza de té que no termina de entibiarse, porque la escena que me imagino es la que se repite acá en la zona centro en cualquier casa donde haya un chico chiquito: la mamá o el papá que mira el reloj a las tres de la madrugada, mide la fiebre, destapa al nene y se pregunta si ya es hora de salir corriendo a la guardia. Esa duda, que en julio parecía en los hogares, en estos primeros días de septiembre se volvió casi una constante.

Porque los números que acaban de difundirse desde el ministerio de Salud provincial son de esos que a mí, como cronista de la vida cotidiana, me ponen la piel de gallina: en apenas cinco semanas, las atenciones pediátricas de guardia por causas respiratorias pasaron de 561 a 1.612 por semana. Eso significa, si lo traducimos a lenguaje llano, que casi se triplicaron. Y cuando uno mira el total de consultas respiratorias —sumando adultos y chicos— el salto también es fuerte: se duplicaron, al subir de 1.620 a 3.339 semanales en el mismo período.

Un segundo pico que llegó tarde y con otro villano

No es la primera vez este año que las guardias se llenan de gente tosiendo. El primer pico había ocurrido mucho antes, en la semana epidemiológica 21 —allá por fines de mayo y principios de junio—, cuando se llegaron a registrar 4.431 consultas totales de guardia. En aquella oportunidad, el gran responsable había sido el virus de la influenza, la gripe clásica de todos los inviernos. Ahora, en cambio, el que se lleva todos los aplausos amargos es el Virus Sincicial Respiratorio, más conocido por su sigla: VSR.

El VSR no es un bicho raro ni nuevo. Todo lo contrario: es un virus muy frecuente, tan común que la enorme mayoría de los chicos lo atraviesa antes de cumplir los dos años. Se transmite con una facilidad que da bronca: a través de las gotitas que se expulsan al toser o estornudar, y también cuando alguien toca una superficie contaminada y después se lleva la mano a la nariz o a la boca. En adultos y en niños más grandes suele comportarse como un resfrío común —congestión nasal, tos, algo de malestar general— y la gente lo atraviesa sin mayores sobresaltos. El problema, el verdadero problema, aparece cuando el virus se cruza en el camino de un bebé o de un nene muy pequeño.

  • Bronquiolitis: la inflamación de las vías respiratorias más pequeñas, que dificulta la respiración del bebé y es la principal causa de internación en menores de un año.
  • Neumonía: una complicación menos frecuente pero más grave, que puede requerir oxígeno y cuidados hospitalarios.
  • Riesgo futuro: las infecciones por VSR en la primera infancia se asocian con una mayor probabilidad de desarrollar sibilancias recurrentes y asma en los años posteriores.
  • Mayor vulnerabilidad: los menores de un año —y en especial los recién nacidos y prematuros— son quienes tienen más chances de sufrir formas graves de la enfermedad.

Una vacuna gratuita para embarazadas que puede cambiar la historia

Acá viene el dato que a mí, como vecina y como cronista, me parece clave y por eso lo quiero repetir bien clarito: el ministerio de Salud provincial recordó que todas las personas gestantes que estén cursando un embarazo de entre 32 semanas y 36 semanas y media pueden recibir en forma gratuita la vacuna contra el VSR. La dosis, que se aplica durante la gestación, le pasa anticuerpos al bebé a través de la placenta y lo protege durante sus primeros seis meses de vida, justo el período en que el riesgo de bronquiolitis y neumonía grave es más alto.

No es un detalle menor. Es, literalmente, una herramienta que está al alcance de la mano, sin costo, en los centros de salud y hospitales públicos de la provincia, y que puede evitar que muchos de esos 1.612 chicos que terminaron en la guardia terminen en una cama de terapia intermedia. Acá en la zona centro, cada vez que me toca hablar con una futura mamá en la verdulería o en la sala de espera del obstetra, insisto con lo mismo: preguntar, pedir turno, aplicarse la dosis. Es de esas cosas que parecen chiquitas y hacen una diferencia enorme.

Porque, como me decía ayer María, de barrio Norte, mientras hacía fila en la farmacia con su nene de ocho meses todavía con mocos y algo de fiebre: "Yo pensé que ya había pasado lo peor, porque en junio la pasamos mal con la gripe de la más grande. Pero este bicho nuevo nos agarró desprevenidos, y la verdad es que volver a la guardia a las cuatro de la mañana te deja la cabeza hecha un lío". Su testimonio, que yo reproduzco con su permiso, es el de miles de familias que están transitando este segundo pico con más cansancio que certezas.

Los especialistas insisten en que este comportamiento en dos olas no es casualidad ni un capricho del clima. El año pasado, en 2024, ya se había registrado un patrón similar: un primer pico con predominio de influenza y un segundo empujón, más entrado el invierno y principios de la primavera, con el VSR como gran protagonista. Lo que este 2025 confirma es que la temporada respiratoria dejó de ser un bloque único para parecerse cada vez más a una montaña rusa, con subidas y bajadas que obligan a las familias a estar atentas mucho más tiempo del que solían.

Nosotros, los que tenemos chicos en edad escolar o bebés en casa, sabemos que no hay nada que quite el sueño como un chico con fiebre en la madrugada. Por eso, mientras el termómetro siga marcando pulso en las guardias y el VSR siga circulando entre nosotros, lo que uno espera —y trabaja para que pase— es que cada vez más embarazadas se acerquen a vacunarse, que cada familia reconozca rápido los signos de alarma (respiración agitada, pausas al respirar, pecho que se hunde, dificultad para alimentarse) y que la próxima curva, en lugar de subir, empiece a bajar.

YB
Yanina BenítezSociedad y vida

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