Una pirámide made in Beijing que encendió la noche de la Odisea de Nolan
Cuando Christopher Nolan empezó a rodar La Odisea en el sur de Marruecos, una sola escena le planteó un dolor de cabeza que parecía no tener solución: iluminar como si fuera fuego sin que hubiera fuego. La respuesta la terminaron fabricando entre un director de fotografía holandés y un programador de panel, y se llama Pyrahedron.
Como diría mi abuela de la cooperativa de Haedo, hay problemas que parecen no tener solución hasta que aparece alguien con la cabeza suficientemente grande como para fabricar una. En el rodaje de La Odisea, la nueva película de Christopher Nolan, esa frase se volvió literal: el primer plano que se filmó fue el asedio nocturno a Troya, y la pregunta del millón fue cómo iluminar cientos de metros cuadrados imitando el fuego, pero sin fuego. Fuego real, en un set de esas dimensiones en pleno Marruecos, era directamente una locura: imposible por seguridad, inviable de manejar y, encima, poco rendidor para una cámara que estaba esperando otra cosa.
Antes de hablar de la solución tecnológica, vale la pena detenernos un segundo en el lugar, porque el lugar cuenta la película mucho antes de que se encienda un solo reflector. La locación elegida fue Aït Benhaddou, una antigua aldea de adobe sobre una colina, en el sur de Marruecos, que ya vimos en Gladiator y en otras tantas superproducciones. Allí levantaron reconstrucciones del Templo de Atenea y reunieron a cientos de extras. La escena pedía una iluminación de 360 grados con aspecto de incendio, y los focos convencionales se quedaban cortos. Hacía falta algo que no existía en el catálogo de ningún proveedor de cine.
La comunidad de inventores: Hoyte van Hoytema y Noah Shain
Ahí entraron dos personajes que vale la pena presentar bien, porque son los verdaderos protagonistas técnicos de esta historia. Por un lado, Hoyte van Hoytema, el director de fotografía holandés que ya viene trabajando con Nolan desde Interstellar y que se hizo famoso por filmar Dunkirk con poco más que la luz disponible y un par de rollos de celuloide. Por el otro, Noah Shain, un programador de panel que suele ser el que escribe las reglas con las que después juegan los gafferes. Los dos, encerrados en esa lógica de resolver problemas que tiene todo el cine de Nolan, terminaron construyendo algo que no se había fabricado antes.
“Me pregunté si podríamos crear una fuente de fuego impresionista que se comportase exactamente como el fuego, que tuviese más o menos la misma forma, que se pudiese mover con facilidad y que estuviese alimentada con baterías.”Hoyte van Hoytema
Lo que diseñaron se llama Pyrahedron, y el nombre ya cuenta la mitad de la idea: es una pirámide. Cada cara es un triángulo equilátero de poco menos de un metro de lado, con seis circuitos hexagonales y seis LEDs COB por circuito. Eso da 36 píxeles por cara. Ensambladas como pirámide, las cuatro caras emiten luz en tres dimensiones, algo que un panel LED plano no puede hacer ni en broma. La diferencia es sutil pero enorme para una cámara: la luz ya no viene de una superficie, sino que tiene volumen, y por eso parece fuego de verdad y no un wallpaper iluminado.
Dos comunidades de luz: las Dumb Pyra y las Smart Pyra
Los dispositivos se fabricaron en Beijing y se produjeron en dos versiones, algo que siempre me parece curioso cuando lo cuentan los equipos técnicos: la solución más artesanal del rodaje nació al otro lado del mundo, en una fábrica china, y después volvió a cruzar el mapa para instalarse en un set del Atlas marroquí. En el set, los Pyrahedron se adherían a paredes, se atornillaban a estructuras o simplemente se apoyaban en el suelo, aprovechando que la geometría de la pirámide es estable de por sí y que el conjunto pesa poco. Las mediciones de exposición estimadas eran de T4 a unos tres metros con ISO 500, un número que para los que venimos del foto fijo nos suena a parámetros de laboratorio más que a un rodaje épico, pero que para Van Hoytema eran exactamente lo que necesitaba la cámara.
Lo más interesante, mirado con algo de perspectiva, es que lo que nació como un parche para una sola escena terminó extendiéndose a todos los pasajes nocturnos de la película. "Las unidades eran creíbles, se podían producir en masa y eran fáciles de transportar y de manejar. Se convirtieron en nuestra luz de preferencia para todas las escenas nocturnas", resumió Van Hoytema. Es el tipo de accidente creativo que a mí, como cronista, me encanta: una solución de emergencia que termina cambiando el lenguaje visual de toda una producción. Un galpón marroquí, una fábrica china, dos técnicos con buena cabeza y un director que les dio permiso para inventar en serio: a veces eso alcanza para iluminar una odisea.
Dónde verla, cuándo y con qué se come
La Odisea se estrena el próximo 17 de julio de 2026 en cines de Argentina, con funciones en simultáneo en los complejos tradicionales de Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza, además de salas IMAX en los shoppings grandes del Gran Buenos Aires. Si la ven en funciones trasnoche, como me gusta a mí, aprovechen para ir con un buen termo de mate cocido con leche y unas facturas de grasa, porque a la salida siempre hace frío y una odisea nocturna bien pide una merienda caliente. Y si alguien del equipo técnico lee esta nota: un guiño desde la redacción, que el oficio lo hacemos entre todos.
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