Leuco y Martínez: la expareja que volvió a cruzarse en cámara y reconoció lo que todavía le pesa
En un segmento de preguntas y respuestas al aire, los dos periodistas repasaron ocho años de vínculo, redes sociales silenciadas y mensajes borrados antes de mandarse. Una charla donde la franqueza le ganó a la prudencia.
Leuco y Martínez se conocen desde hace tanto tiempo que ya cuesta separar al conductor del noticiero de la persona que comparte un café y se sienta a charlar sobre la vida. Yo los vi juntos en pantalla durante años, y siempre me quedó la sensación de que había una complicidad genuina, de esas que no se fabrican para la cámara. Por eso, cuando me enteré de que se habían cruzado en un segmento de preguntas y respuestas sobre su propia historia, lo primero que pensé fue en mi abuela de la colonia, que siempre decía que las parejas que se quieren bien no necesitan hacer declaraciones públicas: "Lo que se dice de más, se vuelve ruido", repetía cada vez que alguien del barrio le contaba que iba a hablar de sus problemas en la televisión.
El galpón del estudio, antes de que empezara la nota, estaba lleno de un murmullo curioso: los productores pasaban hojas con las preguntas, el conductor mediador acomodaba sus papeles y, en una de esas pausas que tienen los programas cuando todavía no sale al aire, se podía ver a los dos protagonistas cruzando alguna mirada de esas que dicen más que cualquier respuesta armada. La sala era luminosa, con público cercano, y la dinámica arrancó con una advertencia: las preguntas iban a ser concretas, sin escapatoria fácil.
Ocho años en dos etapas
La primera definición que dejaron ambos fue sobre el tiempo compartido, y ahí ya quedó claro que no había acuerdo automático. Leuco dijo que la relación tuvo dos etapas bien marcadas, como si quisiera separar el agua del aceite sin demasiada precisión. Martínez, en cambio, lo redujo a un número limpio: ocho años. Esa diferencia, que puede parecer menor, me parece que dice mucho del modo en que cada uno procesa lo que se termina: uno necesita marcar un antes y un después con nombre propio; la otra prefiere contar el tiempo corrido, como quien mide una distancia en el cuenta kilómetros del auto.
“El día que nos separamos te silencié y hasta el día de hoy no aparecés en mis redes. Era mejor silenciarte que eliminarte.”Sofi Martínez
Lo de las redes sociales fue, a mi entender, el tramo más revelador de toda la conversación. La frase de Martínez sobre el silenciamiento como un gesto menos violento que la eliminación me pareció una de esas definiciones que sirven también para pensar afuera del amor: cuántas veces en la vida elegimos callar algo en vez de cortarlo de raíz, porque entendemos que el silencio todavía deja una puerta entreabierta, mientras que el bloqueo total es una declaración de guerra. Leuco, por su parte, reconoció que esa decisión le resultaba incómoda, y hasta dejó entrever que durante mucho tiempo chequeó si el otro todavía podía leerle sus historias, algo que cualquiera que haya pasado por una separación entiende como un reflejo casi pavloviano.
La energía de los fines de semana y los mensajes borrados
- La rutina que se extraña: Leuco señaló que nota con más claridad la energía que Martínez tiene los fines de semana, una diferencia que en la convivencia se amortigua y que al estar solo se vuelve más evidente.
- Los mensajes borrados antes de enviar: el conductor confesó haber escrito millones de veces sin mandar, y agregó "yo soy de escribir largo", mientras ella respondió entre risas que efectivamente tiene talento para eso.
- El sinceramiento sobre el presente: ante la consulta directa de si todavía la extraña en el plano sentimental, el periodista respondió "muchas veces, sí. Más veces sí que no", después de intentar esquivar el tema.
- El arreglo técnico de Martínez: la periodista explicó que no borró las fotos compartidas, pero ajustó la configuración del teléfono para que la cara de su expareja no apareciera en los recuerdos automáticos.
- El día que eliminarían si pudieran: Leuco eligió el de la separación y dijo "no hubo días tristes en nuestra relación, pero eliminaría ese".
A mí, lo que más me interesa de estos reencuentros televisivos no es el show en sí, sino el dato mínimo que se filtra entre líneas. Cuando alguien dice "yo soy de escribir largo", por ejemplo, está confesando que cada vez que agarró el teléfono lo pensó como si fuera una carta, y eso es mucho más íntimo que cualquier declaración ampulosa sobre el amor eterno. También me parece significativo que Leuco haya puesto el acento en los fines de semana, porque ahí está la vida doméstica, la del desayuno tarde y la siesta compartida, la que no sale en las fotos y por eso se extraña más cuando se pierde. Mi postura es conciliadora, como me sale siempre que se mezclan dos personas adultas que se quisieron bien: no creo que esta clase de cruces resuelvan nada, pero sirven para mostrar que dos pueden hablar de lo que fueron sin necesidad de quemarse en público, y eso, en tiempos de declaraciones judiciales y portazos con abogado, ya es casi una rareza.
Dónde y cuándo: el segmento se emitió en un programa de entretenimiento con público en estudio y un conductor como mediador. No trascendieron día ni horario puntuales del envío original, pero la conversación completa puede encontrarse en las redes del ciclo y en fragmentos que circularon durante la jornada por distintas cuentas de streaming. Si hay algo para comer mientras se mira, va una sugerencia bien de manual de cocina de domingo: unas tostadas con manteca y mermelada de durazno, un café bien cargado y, sobre todo, silencio alrededor, porque esta clase de notas se disfruta más cuando nadie comenta al lado qué haría cada uno en el lugar de ellos.
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