Salta y San Rafael levantan el telón de sus aeropuertos renovados en pleno repunte turístico
El aeropuerto salteño reabrió con una terminal prácticamente nueva tras una inversión de 110 millones de dólares, mientras San Rafael habilitó la primera etapa de su nueva estación y ya puede operar dos Boeing 737 en simultáneo.
El viento que baja de los cerros llega con otra frecuencia al Aeropuerto Internacional de Salta desde el 27 de agosto, cuando volvió a operar con instalaciones que lo ubican entre los más modernos del país. La inversión de 110 millones de dólares financió un nuevo hall principal, 32 puestos de check-in y una ampliación de 650 metros cuadrados en el sector de embarque doméstico, además de edificios técnicos, una nueva subestación eléctrica y un acceso vehicular completamente renovado.
Más servicios para el pasajero
La experiencia en tierra también cambia del lado comercial. En planta baja funcionarán un drugstore, un servicio de embalaje de maletas y un café de especialidad, mientras que en el preembarque doméstico se suman una tienda y un espacio de gastronomía local, pensado para mostrar productos de la región. Los bancos Nación y Macro instalan cajeros automáticos dentro del predio, lo que reduce la dependencia de los servicios externos.
- Nuevo hall principal y 32 puestos de check-in
- Ampliación de 650 m2 en embarque doméstico
- Drugstore, café de especialidad y tienda regional
- Cajeros automáticos del Banco Nación y Banco Macro
- Subestación eléctrica y acceso vehicular renovados
Entre enero y julio de este año, el aeropuerto movilizó 830.859 pasajeros: 767.968 en vuelos de cabotaje y 62.891 internacionales, con un crecimiento de 2,35 por ciento respecto al mismo período del año anterior. Las obras fueron coordinadas entre Aeropuertos Argentina y el Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (ORSNA), dos organismos que suelen cruzarse críticas por el ritmo de las obras, pero que en este caso coincidieron en los plazos.
San Rafael, la otra apuesta
En Mendoza, el Aeropuerto de San Rafael habilitó la primera etapa de su nueva terminal con una inversión ejecutada de 15 millones de dólares, sobre un total proyectado de 20 millones para cuando concluya la obra completa. La superficie incorporada supera los 1.790 metros cuadrados e incluye áreas de atención al pasajero, un edificio de check-in provisorio con cuatro posiciones, oficinas operativas, un nuevo sistema de manejo de equipajes con carrusel y un puesto de la Policía de Seguridad Aeroportuaria. La reforma permite procesar en simultáneo un arribo y una partida de aviones tipo Boeing 737, algo que no era posible antes y que marca un salto de calidad para una terminal históricamente limitada en su capacidad operativa.
Las obras se ejecutan en dos etapas para no interrumpir las operaciones durante la construcción; la segunda contempla la transformación del edificio existente, que hasta ahora oficiaba de terminal. San Rafael ya había renovado pista, plataforma y calle de rodaje en 2023, de modo que la nueva estación aérea consolida un proceso de puesta en valor que se había iniciado en la pista y que ahora llega al pasajero con mostradores, carrusel de equipaje y presencia de la PSA, un detalle clave para ordenar los controles en una zona donde el turismo enológico y de sierras no deja de crecer.
El contraste entre lo que anuncia Ecología en sus informes de impacto ambiental y lo que efectivamente se observa en el terreno es notorio: mientras los papeles celebraban la ampliación, durante meses los pasajeros de San Rafael hicieron fila en una sala colapsada, y en Salta la vieja terminal soportó veranos enteros con andenes desbordados. Las nuevas instalaciones, al menos sobre el papel, vienen a saldar esa deuda acumulada. La pregunta que queda picando es si la mayor comodidad en tierra se traducirá en más vuelos, más frecuencias y, sobre todo, más conectividad real para comunidades que durante décadas dependieron de una sola opción aérea.
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