Una caja para cada frente: por qué los cardiópatas suelen volver del consultorio con varios fármacos a la vez
La hipertensión, el colesterol, los coágulos y las arritmias se atacan por carriles distintos. Por eso el médico receta combinaciones y no un solo comprimido: cada droga apunta a un problema específico del corazón.
Son las cinco de la tarde y en la sala de espera del consultorio todavía hay tres personas. Cuando le llega el turno, Marta Ledesma, de Floresta, sale con un papel firmado y una bolsita de la farmacia: dentro vienen cuatro cajas distintas. "Yo pensé que con una pastilla ya estaba, pero el médico me dijo que cada una hace lo suyo", cuenta, mientras acomoda el sachet de medicamentos en la cartera. La escena se repite, con nombres y barrios distintos, en buena parte de los pacientes que salen de un consultorio cardiológico acá en la zona centro.
La pregunta que todos se hacen es razonable: si lo que duele o se enferma es el corazón, ¿por qué el profesional receta varios medicamentos al mismo tiempo? La respuesta que nosotros, como pacientes, solemos olvidar es que el corazón puede fallar por razones distintas y, muchas veces, simultáneas. La presión alta, el colesterol elevado, la formación de coágulos y los trastornos del ritmo son problemas diferentes, que se tratan por carriles diferentes.
La presión arterial: el primer frente
La hipertensión es uno de los motivos más frecuentes de prescripción. Cuando se mantiene elevada durante mucho tiempo, obliga al músculo cardíaco a trabajar con un esfuerzo extra y, con los años, lo va dañando junto con las paredes de los vasos. Para bajarla existen varios grupos de fármacos que actúan por vías distintas: los inhibidores de la ECA bloquean la producción de una hormona que estrecha los vasos; los ARA-II impiden que esa misma hormona haga efecto; los betabloqueantes bajan la frecuencia cardíaca amortiguando la acción de la adrenalina; y los bloqueadores de los canales de calcio relajan los vasos o desaceleran el pulso, según el caso.
El colesterol: otra historia aparte
El colesterol LDL, conocido como colesterol "malo", se aborda en paralelo. Las estatinas son los fármacos más usados con ese fin y, además de reducir el LDL, pueden contribuir a bajar la inflamación de los vasos. Se indican tanto después de un infarto, un accidente cerebrovascular o la colocación de un stent, como en personas con factores de riesgo que todavía no tuvieron un evento. Cuando las estatinas no alcanzan o no pueden tomarse, el médico puede sumar ezetimiba o inhibidores de PCSK9, que actúan por otro mecanismo.
Los antiagregantes y los anticoagulantes: cuando hay que cuidar que la sangre no tape las arterias
- Los antiagregantes plaquetarios, como la aspirina o el clopidogrel, dificultan que las plaquetas se peguen entre sí y formen un tapón.
- La aspirina se indica en quienes ya tienen enfermedad cardiovascular diagnosticada; la guía de la Cleveland Clinic aclara que no se recomienda de manera general para prevenir un primer evento sin una evaluación individual que pondere beneficios y riesgo de sangrado.
- Los anticoagulantes, como el apixabán y el rivaroxabán, actúan en una etapa distinta del proceso y se usan mucho para tratar coágulos en piernas o pulmones.
- Como todos estos fármacos pueden aumentar el riesgo de hemorragias, no conviene empezarlos ni dejarlos por cuenta propia: la indicación siempre la tiene que dar el médico.
Para quienes tienen arritmias existe, además, una familia específica de fármacos antiarrítmicos, pensada para regular el ritmo del corazón cuando se vuelve irregular o demasiado rápido. Y en los cuadros donde el corazón acumula líquido, como ocurre en algunos casos de insuficiencia cardíaca, se suman los diuréticos, que ayudan a eliminar ese exceso y a aliviar la sensación de falta de aire o de hinchazón en las piernas.
Por qué la combinación la define el profesional
La cantidad de pastillas, la dosis y el momento del día en que se toma cada una dependen del cuadro clínico, de los antecedentes y de los factores de riesgo de cada paciente. Por eso no hay dos recetas iguales: lo que a Marta Ledesma le funciona en Floresta puede no ser lo que le sirve a otro paciente con el mismo diagnóstico pero con otra edad, otros valores de presión y otros hábitos. La regla de oro, coinciden los especialistas, es no suspender ni sumar nada por decisión propia y consultar cada duda en la consulta. Marta, por ahora, ya tiene claro qué pastilla toma a la mañana, cuál a la noche y cuál después de comer, y espera, como muchos, que el esfuerzo cotidiano de tomarse varias cápsulas al día se traduzca, con el tiempo, en un corazón que le dé menos sobresaltos.
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