Floridi, el filósofo que le baja el precio a la IA: no piensa, pero actúa, y hay que saber meterla en la vida cotidiana
El italiano que dirige el Digital Ethics Center de Yale pasó por Buenos Aires y dejó una idea central: la inteligencia artificial no comprende nada de lo que hace, y por eso el desafío no es frenarla sino integrarla con criterio. Repaso por sus definiciones, sus cuatro revoluciones y una advertencia concreta para usuarios y empresas.
A vos te pasó: le pediste un resumen a un chatbot, te lo dio perfecto, y después le preguntaste algo lógico y te contestó cualquier cosa. Esa es, ni más ni menos, la trampa que Luciano Floridi viene denunciando hace años. La inteligencia artificial no entiende lo que dice. Actúa. Produce efectos reales sin tener la menor idea de qué está haciendo.
El diagnóstico del filósofo italiano
Floridi dirige el Digital Ethics Center de la Universidad de Yale y es uno de los fundadores de la filosofía de la información, disciplina que empezó a armar en los años noventa, cuando casi nadie pensaba la información como objeto de estudio en sí mismo. Su planteo es directo: la IA no es inteligencia, es agencia artificial.
“Actúa, se comporta, aunque no tenga mente, ni entendimiento, ni conciencia. Hace cosas por nosotros, en lugar de nosotros, mejor que nosotros.”Luciano Floridi, filósofo y director del Digital Ethics Center de Yale
Esa diferencia no es un detalle académico. Cambia la pregunta de fondo. Si fuera inteligente, el debate sería si puede superarnos. Como es agencia pura, el debate pasa a ser otro: cómo la usamos sin perder el juicio propio. Floridi lo resume con una frase que le escuché en su paso por Buenos Aires y que repite cada vez que puede: la IA no es una amenaza existencial, es una herramienta que exige usuarios maduros.
Cuatro revoluciones y un mismo hilo
Para explicar dónde estamos, Floridi recurre a la historia. Habla de cuatro revoluciones intelectuales que corrieron al ser humano del centro de la escena. Una sola enumeración, vale la pena tenerla a mano:
- Primera: Copérnico sacó a la Tierra del centro del universo.
- Segunda: Darwin sacó a la especie humana del centro del reino animal.
- Tercera: Freud mostró que ni siquiera mandamos en nuestra propia mente.
- Cuarta: Turing y la informática nos corrieron del centro de la esfera de la información.
La cuarta, dice Floridi, todavía la estamos procesando. Ya no somos el centro del mundo digital, del mismo modo que dejamos de ser el centro del cosmos, de la biología y de la psicología. Y eso, según su mirada, no es una derrota: es una forma de madurez. Una humanidad crecida se piensa al servicio del prójimo, del ambiente y de las generaciones que vienen, no como dueña absoluta del universo.
Qué hacer con la IA en la práctica
De la teoría a la calle, Floridi baja con los pies al barro. Pedir que se frene la inteligencia artificial, dice, no tiene el menor sentido. Lo que tiene sentido es entender qué es, incorporarla con criterio y no ceder el manejo. El caso Meta, con la multa millonaria que la empresa pagó en Estados Unidos por prácticas poco claras con datos de usuarios, le sirve como ejemplo perfecto: la herramienta estaba, el criterio faltó. La pregunta es cuándo vamos a empezar a sumar la IA sin soltar la brújula, en la oficina, en el aula y en casa.
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