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VIE, 11 SEPT 2026
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Travis Knight, el artesano que defiende el alma del stop motion frente al avance de las máquinas

El director de Laika vuelve a la animación cuadro a cuadro con Wildwood, una película que el estudio describe como la más difícil de su historia, y aprovecha el estreno para marcar una frontera filosófica con la inteligencia artificial.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos · 11 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo dijo sin levantar demasiado la voz, como quien repite una frase de cocina heredada de la abuela: "El stop motion hace gala abiertamente de su humanidad". Travis Knight, el director estadounidense de 52 años que en 2016 se consagró con Kubo y las dos cuerdas mágicas, eligió la promoción de su nueva película, Wildwood, para plantarse frente a la inteligencia artificial con un argumento que, admite él mismo, parece de otro siglo: el arte necesita alma, y las máquinas, dice, no la tienen. La película se estrena el próximo 23 de octubre y, según cuenta el estudio que la produjo, es el trabajo más complejo que encararon en sus dos décadas de vida.

La sala antes que la pantalla

Antes de hablar de Wildwood hay que hablar del galpón, porque ahí está la clave de todo lo que defiende Knight. En los talleres de Laika, una empresa ubicada en Portland, Oregón, cada personaje es un objeto físico: una armadura de silicona, un cuerpo de resina, una cara de látex. Hay miles de figuras vestidas a mano, con trajes cosidos uno por uno, pelos implantados con paciencia de relojero. Para moverlos hay que empujarlos con los dedos, cuadro por cuadro, frente a cámaras que registran apenas un par de segundos de película por día. Es un método que la industria considera arcaico, casi una reliquia, y por eso Laika se empecina en sostenerlo: para Knight, esa lentitud es justamente lo que vuelve interesante al resultado.

Wildwood, que dura 140 minutos, fue filmada exactamente así, a fuerza de manos y paciencia, y por eso desde el estudio la describen como "lo más difícil" que hicieron en su trayectoria. El tráiler que ya circula muestra una factura visual densa, con texturas que sólo puede aportar lo construido a mano: la rugosidad de una corteza, el dobladillo de un abrigo, una sombra que tiembla apenas porque la luz del set no es perfecta. En un contexto en el que la animación por computadora domina la cartelera, esa insistencia en lo físico se lee casi como un manifiesto.

La frontera filosófica que traza el director

Knight no esquivó el tema cuando le preguntaron por la inteligencia artificial. Reconoció que es "una tecnología asombrosa", pero fue al hueso de su planteo: "La IA es realmente contraria a todo lo que defendemos en Laika, porque en Laika, en el centro de todo lo que hacemos, está el artista". Y remató con la frase que define su posición: "Contar historias, crear arte, consiste precisamente en imbuir de alma lo que haces".

“La IA es realmente contraria a todo lo que defendemos en Laika, porque en Laika, en el centro de todo lo que hacemos, está el artista.”Travis Knight

Para él, la diferencia no es técnica sino de fondo. El stop motion exhibe sus marcas: la pequeña vibración de un dedo que no llegó a la posición exacta, el tiempo invertido en cada fotograma, la decisión humana de qué dejar imperfecto. La animación que sale de una pantalla de computadora o de un generador de imágenes, en cambio, produce resultados pulidos que, según Knight, no llevan ese rastro. La pregunta, dice, es si una obra sin ese sello puede seguir considerándose arte, y esa es la línea que separa a Laika del resto de la industria.

El recorrido de Knight entre la artesanía y la acción real

El director no llegó a Wildwood por casualidad ni por empecinamiento nostálgico. Su debut en el stop motion, Kubo y las dos cuerdas mágicas, le valió una nominación al Oscar y lo confirmó como uno de los nombres fuertes de la animación contemporánea. Desde entonces, sin embargo, no se quedó quieto: pasó por la acción real con la precuela de Transformers llamada Bumblebee, en 2018, y más tarde se embarcó en la nueva versión de He-Man y los Masters del Universo, que aún no llegó a las pantallas. Wildwood marca su regreso al formato que lo vio nacer como director, y lo hace, dice, con la película más ambiciosa de su carrera.

La pregunta queda flotando, y vale la pena pensarla en voz alta: en un momento en el que la inteligencia artificial gana terreno en todos los oficios creativos, ¿cambia el público la forma en que mira una película hecha a mano? ¿Termina valorando más lo que sabe que llevó miles de horas y decenas de artesanos? Knight, fiel a su estilo, dejó la respuesta a medio camino. Dijo que la IA es poderosa, pero también que le falta lo que sólo un ser humano puede dejar en una pieza: una huella. Wildwood, con sus 140 minutos de figuras movidas dedo por dedo, es básicamente esa huella, convertida en película.

Wildwood se proyecta desde el 23 de octubre en salas de Estados Unidos; en la Argentina habrá que esperar al estreno local, todavía sin fecha confirmada. Para verla, conviene tener en cuenta algo que el propio Knight repite cada vez que puede: lo que se ve en pantalla no lo hizo una computadora, lo hicieron manos, tijeras, agujas y un equipo enorme de artesanos que trabajaron durante años para que cada segundo dure lo que dura.

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Elba ZimmermannCultura y espectáculos

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